Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Muchos tendemos a reproducir aquel mito que dice que ‘las oportunidades y las experiencias pasan en las grandes ciudades, donde se encuentran los estudios, las productoras, las personas capaces’. Lo cierto es que en cuanto a producción musical se refiere, este mito peca de desalentador y nocivo. Las bandas de rock perseverantes y amantes de su arte siempre han encontrado sus soluciones entre la adversidad, y tal es el caso del grupo que hablaremos hoy: Nudo Infinito.

Hace un mes apareció un anuncio de una banda que, un tanto desapercibida en la capital riojana, persiguió una ambición tan concreta como la de muchos en el ambiente: un primer disco que los represente. Un paso inicial y fundamental para definirse en el camino de la música.

Oriundos de Villa Unión, Nudo Infinito nos recuerda que el interior de La Rioja late, se mueve, que mientras bandas de la capital nos dormimos en promesas y empujes poco eficaces (hay que decirlo), desde los lugares menos poblados (y menos pensados) las promesas se concretan, dando como resultado sorpresas como “La Pequeña Tragedia del Universo”, un LP que la banda orgullosamente presentó al mundo el mes de Junio de este año.

Presentando el disco en Villa Unión.

Me puse en contacto con Sebastián Vergara, guitarrista y cantante de la banda, con quien charlamos por algo más de media hora y me facilitó mucha (MUCHA) data sobre el grupo. Para empezar, debo decir que cuando una banda busca moverse de modo profesional se nota, y bastante. Seba me pasó entre varias cosas un proyecto, una introducción a su historia como grupo, a su disco y a su búsqueda artística, lo cual agradezco muchísimo ya que ayuda a orientarme y a conocerlos mejor, cosa que intentaré replicar en mi mejor intento de síntesis.

Nudo Infinito tiene 3 años de edad. Está conformada por 4 integrantes: Ivan Miller en batería y voz, Gabriel Narváez en guitarra (que junto a Iván venían de la banda Causa Perdida), Federico Vergara en bajo y Sebastián Vergara en guitarra y voz (ex Continuum), la banda ha circulado entre diversas presentaciones que van desde bares en Villa Unión, el Made for Music de Budweiser en La Rioja, el festival Jachal Rock de San Juan y el evento Rock On, a cargo del municipio del departamento Coronel Felipe Varela.

Presentando el disco en Villa Unión

Seba me cuenta que el nombre de la banda surge al descubrir una frase de Buda que relaciona el logo actual de la banda (que de esta forma terminarían adoptando), con la sabiduría infinita, siendo aquel diseño la imagen del conocimiento que gira y no termina. Esto convenció a los chicos de bautizar a su grupo como “Nudo Infinito” y acompañar ese nombre del mencionado logo.

Es difícil no preguntarse cómo es que un grupo desde el interior de nuestra provincia ha sido capaz de agarrarnos con la guardia baja. Tantas bandas de adentro y medio afuera de La Rioja han tocado en festivales y encuentros under, una y otra vez, con la premisa de estar reuniendo fondos para costearse sus propios (y tan valorados) discos, mientras que el silencio, o mejor dicho, la distancia de Nudo Infinito con el público capitalino hacen de “La Pequeña Tragedia del Universo” una pieza tan llamativa. El hecho está en que ahí mismo, en el acto de develar un disco sin la expectativa del público, se puede descubrir a una banda desde cero.

Presentando el disco en Villa Unión

Gracias a la Ley del Disco, es que el grupo dio rienda suelta a “La Pequeña Tragedia…”. Acompañados por Lucas Gianello (integrante de la Tripartito) y Coy Páez, quienes les abrieron las puertas a sus estudios “Casa Encantada” y “Smiling Ear Studio” respectivamente. Coy Páez cuenta con una trayectoria como músico y productor de Charly García y otras figuras del rock nacional; produjo también el disco “La Frontera” de La Tripartito lanzado el año pasado y esta vez se encargó de los chicos de Nudo Infinito y su LP, produciendo y mezclándolo él mismo en Córdoba y mandándolo a masterizar en New York en los estudios The Cutting Room Studios por Billy Harrison y T.Gillis.

Hablando con Seba me cuenta que el LP persigue una dirección conceptual, cosa muy inusual y valiente en lo que el rock riojano se refiere. Las canciones son el resultado de un trabajo avocado en la contemplación de la victoria y empoderamiento del capitalismo en la época en que vivimos, mezclado con un sentimiento de nostalgia y reflexión sobre lo que ha quedado de la humanidad después de tantas guerras, sufrimiento y desgracias. Nudo Infinito pudo adentrarse en esta búsqueda artístico-intelectual, en este desafío que demanda mucha paciencia, energía y concentración, materializado hoy como un disco de 10 canciones donde las influencias del rock sinfónico de Pink Floyd y la estética Spinetteana se notan, y que tienen la misión de dialogar en un punto geográfico muy ajeno a ellas.

“La Pequeña Tragedia del universo”

 

“Ciudad del Collage” nos da la bienvenida al álbum con un rock pop que suena sencillo y autóctono, incluso con sus primeros acordes se cuela un impulso a cantar. “Esta vez es en serio, no estoy mintiendo…”, oración infaltable de fogón nacional. No obstante, la voz de Sebastián irrumpe ese impulso invocando otro, nos adentra en un mundo de métricas insospechadas, mezcladas con tonos tipo Fito Páez. En este primer track se nos describe una ciudad conglomerada por individualidades y nostalgia desde una poesía peculiar. Luego sigue “Apocalipsis Animal”, rock mezclado con blues más a tierra, oscuro. La poesía sigue colándose al mejor estilo de una de las influencias más claras y transparentes: Spinetta. Incluso la dicción de las palabras (no sólo en este tema sino en el disco entero) persigue la de aquel ídolo trascendental de la música argentina. “Apocalipsis Animal” es un tema relajado, pero que demanda atención a una letra que nos expresa el sufrimiento de los animales en frases tan crudas como “En el sonido del miedo, tu dolor se escuchará”.

“Siempre me estoy yendo” es el tercer track, retomando la esencia de la canción anterior con algo más de velocidad e incursiones interesantemente estrepitosas entre los últimos dos estribillos. Sigue “Nuestras Propias Palabras”, un tema que rescata nuevamente el blues por sobre el rock, con una escala de guitarra que la hace parecer a una prima lejana de “Post-Crusifixión” de Pescado Rabioso. A nivel temática, “Nuestras Propias Palabras” persigue una moraleja recurrente en muchas bandas de cualquier escena, y estilo: el disfrute de la vida por sobre la imposición sistemática de lo que se supone que es la felicidad. Personalmente me cuesta digerir ese mensaje, es decir, hay tantas bandas que lo dicen, que lo proclaman, tantos ecos de lo mismo, como una generación demandando la misma cosa por distintos lenguajes, como una necesidad inherente por rebelarse ante un sistema que prefiere la funcionalidad por sobre la capacidad. Seguramente hay otras explicaciones por las que el mensaje de “pensá, sé feliz libre de cánones” se manifiesta como otro órgano más del individuo posmoderno, pero quizás lo necesitamos para hacerlo algún día en lugar de sólo decirlo.

La primera mitad del álbum culmina con “La brisa de vos”, que despliega un descanso súper agradable y casi romántico (estado sugerido por frases como “la ventisca de tu ser se fijó en mí”). Las guitarras acústicas en este track se sienten como ese detalle tan eficaz como complementario, incluso, me animo a decir que si la banda proyecta a un videoclip este tema sería una de las primeras opciones. Luego se presenta “Niños de Ayer” con una introducción estrepitosa. Desde una mirada nostálgica, “Niños de Ayer” se desarrolla como un recuerdo al rock clásico argentino, haciendo énfasis en la estética que a la banda le interesó desde un principio y que consigue cerrar coherencia con las influencias.

Diseño de Tapa y Packaginng de “La Pequeña tragedia del Universo”

Sumándose a la dirección anterior, llega “Pájaros de Lata” como aquella versión cruda, rebelde y despeinada de “Niños de Ayer” reservándose las intenciones de funkear por todos lados, amagando el despliegue que más tarde desatarán, tomándose por ahora el tiempo para hablar de la libertad desde un rumbo tras las rejas. El octavo tema es “A Varela”, un homenaje que la banda le rinde al caudillo y coronel (Felipe Varela), donde asoma la chacarera y buscan un clima federal. “A Varela” construye un relato histórico rodeado de acordes desafiantes que, aunque Seba me mencionó el no estar enteramente seguro para que esta canción deba formar parte del álbum, pienso que el mérito se lo gana por acercar el concepto en general devenido de los conflictos bélicos a nuestra tierra, logrando así involucrarnos desde las raíces en una idea tan general.

Diseño de Tapa y Packaginng de “La Pequeña tragedia del Universo”

Acercándonos al final nos encontramos con “Funky Doll”, cumpliendo con esa arista que hasta ahora sólo se vino asomando: un funk deschavetado pero no por eso menos coherente con lo escuchado. De hecho hay quiebres radicales que parecen, si no me equivoco, sacados del jazz. “Funky Doll” nos introduce imágenes de película erótica para terminar disolviéndose en un final inesperado. Por último, nos despide la canción que le da título al disco, “La Pequeña Tragedia del Universo”. Este final nos adentra en las luchas entre seres humanos en una atmósfera cruda y feroz. Nudo Infinito cierra el disco con un torbellino musical que absorbe la cordura hasta el punto de preguntarse en la nota errante que sobrevive si “¿cómo hicieron los despojos de la violencia para terminar siendo nosotros hoy?”.

Con todo, Nudo Infinito ha sabido hacer un disco que juega entre las mixturas de un rock clásico y criollo de los años 70 y un poco más adelante. Acá los sonidos son colores en una paleta que se contagian entre sí, que forman nuevas opacidades y asoman brillos familiares. En general, ese sonido vintage (como me lo describe el propio Seba) contiene (y por momentos se come) las líricas que aunque reducidas en cantidad poseen un porcentaje de poesía casi impecable. Las letras de “La Pequeña Tragedia del Universo” proyectan hacia aquel impulso de introspección como escape a lo nocivo del capitalismo, a tener presente el pasado con la sola actitud de grabar, producir y sacar a la luz un álbum con sonidos de hace 50 años.

Por Emma Cabeza.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail