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Cabezones es una banda que no deberíamos dejar de tener en cuenta.  Con un sonido y una identidad muy definida, una propuesta estéreo de canciones que desde hace unos años pasaron a ser himnos del rock alternativo argentino

Cabezones se hizo presente en Pitcher el sábado 10 de Marzo en la ciudad capital de La Rioja en una noche de interminable calor. Una noche esperada desde mediados de Febrero, cuando se dio a conocer el evento: un concierto grande por primera vez en Pitcher, junto a la banda riojana de punk rock alternativo Unidad 94.

Pitcher es un lugar raro. Para los que provenimos de otro formato de conciertos, sabemos que las bandas en general tocan en un antro, que es lo primero que ves cuando pasas por el local (Pitcher propone un boliche dentro de otro boliche). No creo que escuchar la máquina de bowling detrás ayude a hacer la experiencia de escuchar una banda en vivo un poco mejor.  Eso y salir entre la gente que no entiende porqué hay tantos frikis vestidos de negro,  todos transpirados y eufóricos, como una especie de gimnasio raro.

Ojo, Pitcher se mueve tanto como cualquiera para que los músicos de acá toquen. ¿O acaso no los cansan con invitaciones a los acústicos y tributos? Hay que reconocerles eso, yo por lo menos lo hago.

Unidad 94 fue la encargada de abrir la noche; cuando vimos a los chicos dar vueltas, saltar, estirarse, nos dio la pauta que ya iban a subir:  con el primer acorde de la introducción y luego con el tema “El fin justifica los miedos” inauguraron el concierto, y de hecho su año musical.

Con una performance enérgica y bien al palo como nos tienen acostumbrados los chicos de Unidad repasaron los temas de su primer álbum “Ya no tiene p*to sentido” (del cual hice una revisión hace poco) como Stickers, Desastre, Escape Cósmico, etc; además de repasar sus clásicos como Dentro del Planeta, Corazonada, y otros como No es lo que parece.  Siempre es bueno escuchar a los chicos con esta formación de cuarteto, ya que tocaron tanto tiempo como un trío, que los arreglos y solos de Ángelo se mantienen frescos. Creo que el sonido no les hizo justicia esa noche, mucho de lo que sonaba entre las dos guitarras se perdió o no se entendió.

El público también es otro factor importante. Se lo notó bastante frío. ¿Acaso notaron cuando la banda empezó a tocar? Hasta el Emma, en la mitad de Euforia Negativa, tuvo que salir a buscarlos y moverlos, agitarlos para saber si estaban vivos (¡reaccionen!).

Luego que Unidad terminó su show, hubo un intervalo que generó ansiedad a todos los presentes pero nos dio tiempo de sobra para charlar, tomar, reencontrarse con viejos amigos y discutir algunas cuestiones.

A la distancia los vimos a Eugenio, Mariano y Rómulo dirigirse hacia el escenario. La inquietud de todos se hizo notar en un Pitcher casi lleno. A la espera, nos fuimos instalando alrededor de estos tres señores que se acomodaban con sus instrumentos.  En un momento, como una revelación, César Andino llegó para dar comienzo a la actuación del grupo anfitrión de la noche.

Lo de Cabezones fue potente, un sonido cuidado, claro y equilibrado, donde el rol de cada uno de los integrantes estaba bien definido.  A nivel musical, la propuesta del grupo es interesantísima, a través de una armonía compleja donde no se queda en una sola tonalidad, hacen replantearse la cuestión de la “canción de rock” argentina. Quedé impresionado en ese sentido por el uso y la instrumentación de esta cuestión, donde se puede ser interesante sin dejar de sonar pesado o estilístico con respecto a cómo debe sonar una banda de rock argentina.  Por otro lado, la justeza rítmica de Rómulo es destacable, sobre todo por el baterista de prestado.

Lo cierto es que el repertorio de Cabezones estuvo encarado como un catálogo de clásicos, desde temas como Despegar, Hombre paranoico, Vacío, Sueles dejarme solo, Mi pequeña infinidad, Frío y demás, hicieron que un público eufórico cante en unísono.

También hubo momentos librados a la espontaneidad: los interludios instrumentales, la mayor parte durante los solos de guitarra de Eugenio, fueron muy musicales y excepcionales.

Rescató varios momentos César bajó un par de metros a buscarnos a nosotros, el público, para cantar o quizás en una metáfora de un abrazo. Un agradecimiento simbólico.

Antes de dar paso a que el trío Cabezones hiciera su última intervención instrumental, César aplaude (esto lo vimos pocos, los que estábamos adelante), con eso cierra su participación y se dirige acompañado a descansar. Este aplauso es muy importante, ya que no creo que sea un aplauso para nosotros, sino para él mismo, por la fortaleza para afrontar otro concierto más y entregar todo en él.

Hay otras cuestiones que quedaron dando vueltas al finalizar la noche ¿Desde cuándo hace tanto calor en Pitcher?

Además, considero que es bueno que hayan retomado el formato de concierto con pocas bandas, para que toquen un tiempo considerable, presenten un repertorio amplio y no solo 5 temas.

Desde luego siempre es bueno que se hagan conciertos con bandas riojanas y que estás tengan posibilidades reales de poder compartir escenario con conjuntos con una trayectoria importante. ¿Quién no ha soñado con abrir para su banda favorita?

Por Lucas Lorenzo Brizuela.

Fotos: Belén Mansilla.

 

 

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