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Los domingos en la provincia de La Rioja son verdaderamente indeseables. Las calles desiertas, el humor estancado, el eterno insulto al colectivo que nunca llega; el tiempo detenido en el corazón de la siesta. Ésta atmósfera penetrante de árida actividad parece llamar a ocupar el tiempo, irrumpir en la paciencia, agitar el constante silencio.

Este mes en nuestra ciudad, durante los domingos 3, 10 y 17 se llevó a cabo el “Ciclo Mover los Domingos”, iniciativa de la licenciada Brenda Becker con la compañía de Ángelo Martínez quienes como respondiendo a la suposición del primer párrafo, se propusieron mover los cimientos de la dominguera costumbre riojana. Anteriormente en el mes de abril, la premisa de Mover los Domingos convocaba a propuestas escénicas (producciones y obras de teatro, danza, performance y derivados) a inscribirse para una selección que conformaría la programación del ciclo, destacando cuatro producciones a presentarse todos los domingos del mes de junio en el Espacio 73 y/o en el Patio de la Cultura (datos incluidos en dicha convocatoria).

Ahora bien, del dicho al hecho existe un extenso margen de posibilidades. A mediados de mayo, la selección de obras es anunciada y protagonizada por “Alimaña” (Grupo Abisma bajo la dirección de Nazarena Rojo), “Musas Tribal” & “Encanto Oriental” (Grupo Sueño Oriental bajo la dirección de Lucia Saleh, Dannae Chamia y Miriam Corzi), “Destiempo” (Grupo Esencia de Vainilla) y “Soul” (realizada por estudiantes de la carrera de Licenciatura en Arte Escénico, UNLaR). Así, lo prometido empezó a variar: ya no eran cuatro propuestas sino cinco (dos de las cuales asumo completaban el tiempo real de una sola), ya no eran todos los domingos de junio sino tres, y ya no era en Espacio 73 sino en La Kanoa de Papel. Cabe aclarar, que los que estamos metidos directa o indirectamente en la gestión e internas de espectáculos conocemos de sobremanera las irregularidades administrativas y los tratos deshechos a último momento, por lo que el cambio de lugar o de días es tanto entendible como indeseablemente familiar.

Con un frío poco amigable, junio y el Ciclo arrancaron a paso firme y consecutivo, finalizando el domingo 17 en el cual me hice presente con motivo de ver obras y escribir sobre ellas. Así, esperaba tanto la sorpresa como el reencuentro con cada una de las propuestas del Ciclo, empezamos:

ALIMAÑA (Grupo Abisma)

Vi Alimaña hace aproximadamente un año, cuando todavía estaba en su segunda o tercera función antes de ser premiada en la Fiesta Provincial del Teatro. Recuerdo que participé del desmontaje posterior a la función donde tanto Nazarena Rojo como Franco Cesarini (directora e intérprete de la obra) comentaron su interés en la provocación (y/o evocación) de sensaciones que ofrecer al espectador. Habiendo pasado tanto tiempo y funciones volví a ver Alimaña para encontrar sus riquezas adquiridas en la experiencia.

La obra nos da la bienvenida con un diseño escenográfico innovador y sumamente atractivo que contiene el excéntrico cuerpo de lo que percibimos como la alimaña protagonista. A medida que avanza, también lo hacen las referencias ‘insectuosas’, la figura triangular, la curiosidad por ese cuerpo al frente tuyo. Sin embargo, el transcurrir de Alimaña se vuelve denso, con un ritmo demasiado dilatado y dubitativo.

Brenda Becker (izq.) junto al grupo Abisma.

Conforme pasan los minutos, los puntos de partida de la escena se desvanecen; el cuerpo deja de constituir esos preceptos ‘bichescos’ con los que inició, quedándose a medio camino la mayoría del tiempo y siendo devorado por el gran despliegue visual. Por momentos, también da la sensación que el sonido funciona en la escena mejor que los objetos, lo cual me parece un problema ya que Alimaña consiste en la exploración del cuerpo, una exploración reducida a lugares por momentos básicos e insuficientes.

Como dije, Alimaña se propone generar sensaciones y preguntas al espectador, pero la dificultad para tal fin radica en una falta de claridad en el contenido para hacerlo. El grupo reconoce que no es su intención decir algo en particular a la audiencia, y lo entiendo (de hecho comparto su punto de vista), aunque el “no decir algo” específico no solventa la falta de sentido de una obra. El espectador necesita un ancla, algo que si bien no es necesario entender pero sí identificar, el lograr decir “vi ‘tal’ cosa”. Acá es cuando Alimaña rema con debilidad, mostrando elementos que nos hacen preguntarnos qué tan necesarios son para el sentido de la obra en sí misma.


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Con una búsqueda del cuerpo comida por el despliegue estético, donde el mismo se pierde en sus propios preceptos y se diluye en minutos y minutos de un desarrollo que no termina de hacer justicia a los desmontajes, creo que Alimaña tiene lugares a seguir explotando, inmiscuyendo y sacar a relucir, ya que con tanto tiempo desde su primera presentación presiento que la obra puede dar mucho más y que el proceso todavía no ha terminado.

MUSAS TRIBAL & ENCANTO ORIENTAL (Grupo Sueño Oriental)

La academia Sueño Oriental se hizo presente en Mover los Domingos complementando a la variedad con lo que se define como danza del vientre estilo tribal y dabke libanés. Entre ambas presentaciones, las profesoras Lucia Saleh y Miriam Corzi comentaron a los presentes algunas de las características de lo que hacen desde la academia, aunque cabe aclarar, que los dos primeros días del ciclo contó con la participación de Dannae Chamia, quien también es profesora de la academia pero por razones de fuerza mayor no pudo estar en el último día del ciclo.

La danza del vientre estilo tribal es algo con lo que Lucia nos tiene familiarizados desde sus presentaciones en las VariENET organizadas por los alumnos de la Lic. En Arte Escénico de la UNLaR. Sabemos que esta danza es tomada como una práctica que fusiona las raíces de la danza del vientre con la exploración e indagación de nuevas propuestas para variar sobre la tradición. Al tratarse de algo en constante construcción y evolución, sobre todo en nuestra provincia, me parece muy importante valorar el tanto el trabajo de la academia como de quienes están a su cargo y la constante actividad de la misma.

Al mirar el trabajo de Sueño Oriental me invadió una inquietud desde mi rol como el chico que va hacer las reseñas. Pues admito, entré en conflicto, y los motivos no tienen nada que ver con la calidad de lo que vi sino con el contexto de las cosas. Por un lado está el hecho que más que una producción escénica, se trata de dos muestras de una institución, detalles en la manera de definir, que aunque compartan similitudes también las separan diferencias. Empecé a preguntarme sobre los permisos que uno tiene o puede tener para valorar y criticar (si, esa odiosa palabra de doble filo) las propuestas escénicas en un evento como el que nos convoca. El trayecto en una institución, entre otras cosas, consiste en la incorporación de técnicas y conocimientos que se evalúan o dan cuenta de los mismos, en este caso, a través de una “muestra”, algo que según su camino puede o no convertirse en una obra de arte autónoma. Y aunque el resto de las propuestas salieron de la Lic. en Arte Escénico (dos de ellas como examen de cátedra) algo me dice que no hay mucho que pueda objetar en este caso, ya que aunque artística, la naturaleza de Musas Tribal y Encanto Oriental evade y anula mis criterios y mis herramientas, y si esto tiene algún carácter negativo o positivo dejo esta conclusión a manos de cada quien que haya ido a Mover los Domingos.

“Soul” desde la grada.

DESTIEMPO (Grupo Esencia de Vainilla)

Desde el anuncio de la programación de Mover los Domingos, Destiempo fue una incógnita. Mientras las demás propuestas mencionaban a sus grupos, nombraban a los intérpretes, directoras o directores, Destiempo se mostraba con la insuficiente descripción de “creación colectiva” a secas. Conforme se acercaba el día de estrenar el Ciclo, comenzaron a aparecer más y más datos; una sinopsis, el nombre de los intérpretes e información no oficial como ser el desempeño en la dirección de las licenciadas Sofía Pelliza y Fernanda Torres Leiva. Así mismo, Destiempo era una propuesta inédita para el Ciclo entrando desde la categoría de work in progress (y no como obra terminada o estrenada, a diferencia de las otras).

Aunque novedad, los detalles y la información que apareció en porciones parecen sugerir que como un gran riesgo, Mover los Domingos hubiera confirmado la participación de una producción que se completó días antes de comenzado el ciclo. Sin autoridad ni datos comprobables para desmentir esto, lo destacó como un recordatorio de que las circunstancias poco claras son el blanco fácil de los que opinamos sobre cosas que debemos opinar.

Ahora bien, Destiempo ahonda los vericuetos de una temática convencional como ser el sentimiento/estado del amor, tiñendo cada minuto de acciones sugerentes y estimulantes que van directamente hacia la piel y los músculos de los intérpretes Juan Pablo, Florencia, Ana Carla, Gianina y Génesis. La obra se comunica con el espectador desde lugares tanto íntimos como universales donde tarde o temprano te reconoces en cómo dicen lo que dicen para recién depositar la atención en el qué. Quizás este último detalle haya sido una reticencia desde los primeros ensayos, ya que los puntos de partida de Destiempo consistían en intereses y procesos individuales que de a poco encontraron su lugar en común: el generar una escena que roza la performance y que brinde la suficiente información para que el espectador genere su propio sentido.

La obra busca ser sutilmente intensa, con cansancios reales y alguna que otra exigencia física que reafirma la carga de los textos.

Destiempo entiende al amor como algo en constante ebullición capaz de marear y provocar cientos de pensamientos a la vez (muchas veces los que no son indicados); la insoportable fragilidad e inconmensurable sensación de relacionarse con el otro, o como el laberíntico proceso de involucrarse a merced de lo efímero, el fracaso y la idealización.

SOUL (Lic. En Arte Escénico; Universidad Nacional de La Rioja)

Al igual que Alimaña y Destiempo, el origen de Soul proviene de los pasillos de la Licenciatura en Arte Escénico. Como examen final de la cátedra Integración Musical (de 2do año) a cargo de las profesoras Sofía Pelliza y Emilia Robles, los interpretes-estudiantes José Osorio, Aldana Barsesa, Génesis Castro, Esteban Domínguez (Teby Zion) y Carolina Sotomayor compusieron una propuesta que afortunadamente excede la condición academicista de la que emerge (aunque en la sinopsis brindada por el ciclo puede notarse este origen desde el “El presente trabajo…”). Así, aquellos que nos conocemos y/o reconocemos como parte del ambiente teatral under riojano, podemos deducir sin tanto esfuerzo que la combinación de estas cinco personas es un diamante en bruto.

Puedo describir a Soul como una vorágine de referencias al ritmo y cultura latina y afroamericana, donde constantemente orbitan clichés tan bien resueltos que pasan desapercibidos como tales. De principio a fin, Soul alude a la fiesta, a puntos geográficos intermitentes y su incidencia en nuestra cotidianeidad. La conexión entre las ideas y las temáticas ocurren con tal fluidez que no hay lugar a la distracción, sino todo lo contrario: cada detalle, fijo o improvisado, alimenta a la obra y al público de un sentido del humor que funciona como la cereza de la selva negra.

Creo que los hallazgos de Soul tienen mucho que ver con las personalidades de sus intérpretes, pequeñas auto-referencias disfrazadas de ficción como el black spirit en Teby, el reggaetón en Carolina o la nacionalidad de José, sin mencionar el desenvolvimiento de Génesis y la intensidad propia de Aldana. Hay veces en las que con tanta auto-referencia, las obras de arte en general se pueden volver predecibles o como soporte de un statement (con el riesgo de convertirse en una exposición más moralista que artística); y sin embargo, los y las intérpretes han sabido explotar estos pequeños detalles de tal forma que no sólo define a sus personajes (si se quiere), sino que enriquece y hace gozar la obra de mucha genuinidad. Me parece oportuno decir que Soul transpira celebración y pone al desnudo los discursos hacia el color de piel y nuestra identidad.

Como artista y colega, me encanta el arte de las aulas fuera de ellas, en espacios en los que está destinado a estar, saludable y necesario. Creo que La Rioja necesita eventos como el Ciclo Mover los Domingos, pero no sólo en el sentido de conglomerar propuestas artísticas sino eventos que se tomen todas las molestias necesarias para lograr sus objetivos. “Siesta, el Musical” es otro ejemplo del que tuve la oportunidad de hablar en una reseña anterior, y me agrada que haya personas que les importe hacer las cosas bien, mostrándose presentes en todos los medios de comunicación posibles, haciendo ver que se puede generar con calidad en lugar de atar las falencias con alambre.

Brenda y Ángelo explicaron en una entrevista a Rioja 3.0 que si bien Mover los Domingos surgió como trabajo final materializado de un posgrado en gestión cultural de Brenda, la intensión es hacer crecer la iniciativa con una nueva temporada más adelante en el año. Esperamos que el ciclo continué creciendo en cuanto a la coherencia, profesionalidad, transparencia y seriedad de cómo se hacen las cosas.

Por Emmanuel Cabeza

Fotos: Julieta Herrera

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