Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Capítulo I – El Impulso

Hace 20 años, Pablo Plotkin, decidió dejar una nota a Fernando D’Addario -periodista y en ese momento editor del Suplemento No- de Página 12. Insistió y cuando lo atendió, le entregó la nota. Antes de irse, en un gesto de integridad le preguntó “¿Cuánto me pagarían por esto?”.

“Se sorprendió con la pregunta porque era un pibito ahí. Y me dijo un aproximado. Tiempo después cuando ya era un colaborador regular, estaba en la redacción y me dijo ‘me acuerdo cuando viniste, me preguntaste cuánto te pagaría y me pareció un gesto positivo porque en general los pibes vienen y te dicen te lo hago gratis y por el pancho’.

A él le pareció, era un editor que tenía esa característica, otro capaz por ahí se puede ofender por preguntarle ¿cuánto me vas a pagar?”.

Ante de eso, Plotkin recorrió varias redacciones, algunas no pagaban y demostraban poco interés como la revista cultural V de Vian. “En esa época uno llamaba a teléfonos fijos. Llamé y me atendieron con poco interés. La revista estaba buena pero no pagaba.”

Ángeles: Llevar esa nota ¿Fue un impulso?

Plotkin: Fue un hecho, la escribí y en realidad también me lo recomendó un periodista que conocía,-el novio de mi hermana en ese momento- me dijo ‘llévala y empeza por el lugar donde a vos te gustaría escribir pero que idealmente te paguen’.

Escribir para él No, implicó perseverar “Cuando le llevé a Fernando una nota sobre Victor Maytland,-director de cine y guionista argentino dedicado al cine pornográfico- me dio el ok pero fue necesaria la recurrencia: fui una vez, no me atendió, me dejó colgado una hora. Insistí otra y tampoco. Creo que fue como la tercera vez cuando entré de nuevo a la redacción con el papel y el diskette -porque yo se la había llevado así-”,  recuerda.

Luego de eso Plotkin colaboró con Página durante 6 años.

Capítulo II – Las decisiones

En 2003 obtuvo una beca que lo llevó a la sede de Berlín de la agencia EFE. A la vuelta se integró a la redacción de la revista Rolling Stone, que dirigió de 2010 a 2013, donde hoy escribe y también se desempeña como asesor editorial.

RS, -con una trayectoria de 20 años en Argentina-, marcó a varias generaciones y en estos tiempos, donde siempre se pronostica la muerte del papel, sigue viva, en la discusión, en la conversación.

Parte de esa discusión, se ve en sus redes sociales cuando alguien pregunta ¿esto no era una revista de rock? o comentarios despectivos referidos a sus tapas -quizás la más reciente y resonante haya sido la de Duki-.

¿Cómo tomas ese recurrente comentario despectivo hacia ciertas tapas de la revista?

Casi es el pecado original de Rolling Stone. Tanto en Estados Unidos como acá la revista tuvo eso desde el comienzo, pero en Argentina el público es particularmente reactivo a las tapas. Después supe yendo a Nueva York, a la redacción de Rolling allá que también a buena parte de su público le hace ruido, pero tienen un star system muy diferente, la última tapa es de Stephen Colbert, conductor de tele, de un late night show.

Plotkin en la Feria del Libro Cba 2018 – Ph: #
FLC2018
.

Tienen desde Hollywood, la política, el mundo de las series, todo eso que acá existe, pero a escala con menos –quizás- superposición cultural con el mundo del rock que es bastante más cerrado y fundamentalista.

En Argentina, lo que nos parece curioso es que siempre que sale una tapa de no-rock dicen ‘antes eras chévere’. Bueno la de Duki, -que por lo menos es músico-, igual nos reputearon, cuando -por dar un ejemplo- una de las primeras tapas de Rolling Stone Argentina fue Dolores Barreiro.

Ese diálogo con el público lo vivimos de forma rutinaria, es como el chiste permanente.  Pero la verdad es que nosotros tenemos la necesidad de producir tapas, una necesidad fáctica.

El mundo de la música produce novedades de escala mayor cada vez más a cuenta gotas, y también tiene que ver con cubrir el espectro de cultura pop, que en realidad la revista es de cultura pop o sea cultura popular, es cultura rock sí, pero eso abarca también otras cosas.

La idea es que la revista tenga una mirada personal sobre casi cualquier fenómeno que se produce en la sociedad y en la vida pública. Después puede haber mejores y peores resoluciones, pero el intento y el propósito es ese. Igual es algo que queda. Creo que la revista va a cerrar antes de que dejen de observarnos o de preguntarnos cada vez que hay una tapa no-musical (risas).

Igual eso pasa mas con músicos que no son de “rock” y qué sucede menos con personajes políticos o de otra índole…

Si, también. Hay un personaje que tiene muchas tapas -quizás más de las necesarias- que fue Pergolini, y el en esa época estando en Rock and Pop era considerado -por algún motivo- un rockero, ahí no se producía esa fricción tan fuerte.

Si mostramos lo que se sale del molde del imaginario del público rockero, es cuando empiezan los problemas.Después puede haber objeciones como que alguno te dice ‘Ah, Los Rodríguez, ¿ahora?’-refiriéndose a una tapa anterior de RS-.  Me parece un cuestionamiento perfectamente válido (risas). No era la tapa que a priori estaba en los planes, pero también uno a veces juega con las vicisitudes de la producción, de lo que dispones, de cuando dispones de un entrevistado o no. Todas cosas que el público no tiene por qué saberlo y está bien que puteen o se mofen cuando hacemos tapas que no les gusta. No me parece grave ni dramático.

Me da un poco más de bronca cuando viene de parte de colegas, pero no por la crítica sino porque evidencia una falta de conocimiento sobre los procedimientos periodísticos qué es llamativa y… yo entiendo que deberían tener un poco más de conocimiento de cómo se trabaja en un medio, que cosas hay que considerar, que cosas a veces no dependen de vos.

Además, las redes sociales imparten lecciones a los que si hacemos periodismo visible y está bien porque si haces periodismo visible, bancate la crítica.

A ver, nosotros también estamos en una búsqueda. Pensá que la cultura rock está en crisis, Rolling Stone es un emergente muy concreto de esa cultura, y está en una crisis de identidad y eso influye en las tapas. Primero porque no abundan figuras naturales -entre comillas- de ese universo, muchas están en decadencia, muchas murieron, muchas quizás no logran concitar una tensión social que la revista pretende reflejar porque la revista no es que pone a la banda que mejor suena, intenta poner a la banda que interfiere un poco en la discusión pública de alguna manera, aunque sea en el cosmos rockero.

No es solo que nos gusten las canciones, tiene que representar algo. A veces lo vulneramos, pero en general la aspiración de la revista va hacia ahí.

¿Se refleja en menos compra esa crítica?

Hoy todo el mundo está dejando de comprar revistas y diarios por lo cual a veces no sabes.

Lo que se refleja es otra cosa. La gente cree que nosotros ponemos a Duki, a Natalia Oreiro o a Chano para vender más revistas y no es que lo hacemos para vender más, lo hacemos porque creemos que un medio tiene que intervenir en la cultura relevante de la época, relevante no en términos de calidad sino de lo que está resonando en las calles o en las conversaciones.

En realidad la Rolling Stone vende más cuando pones al Indio Solari, no vende más cuando pones una figura televisiva, o un artista de trap -como se dio por primera vez con Duki- porque el público ese en general no va a comprar la revista. Más ahora que la nota encima esta en internet.  

Nosotros creemos que es mejor que circule que pretender encanutarla para que la gente vaya y la compre, eso no va a pasar, ya no pasa. Nosotros hoy vemos a los contenidos periodísticos de Rolling Stone como unidades que tienen que circular por todas las vías que puedan.

Nos interesa que dialoguen con la época, nos gusta que pase eso, nos gustó lo que pasó con Duki – aunque muchos nos putearon-, porque confiábamos en esa nota, en la historia que estábamos contando y el hecho de que hoy la tapa de una revista de papel siga siendo tema de conversación o de discusión ya me parece un logro.

¿Qué fue lo que más te gustó y lo mas dificil de haber dirigido Rolling Stone?

Lo que más me gustó fue tener la posibilidad de crear un espacio de trabajo, lo más saludable posible, en el que los diferentes talentos que formaban parte de la redacción pudieran desarrollar algún tipo de tarea gratificante. No siempre me salía y es quizás lo que más me canso de la función, pero no el hecho de dirigir periodísticamente la revista o conducir un equipo sino después todo lo que tenía que ver con la gestión cotidiana en medio de una empresa y el manejo de presupuesto, las reuniones con diferentes áreas.

En un momento estaba como medio frustrado con todo eso, quería escribir más, quería tener tiempo para pintar y sentía que todo estaba tomado por esas obligaciones que ni siquiera tenían que ver mucho con el periodismo y fue un momento así que me paso y un día, -no diría de un día para el otro-, pero sí de momento decidí renunciar a la dirección y pasar a ocupar otro lugar.

Así estuve dos años o más, tres años y después un poco me volví a involucrar más en la cuestión diaria, pero desde una posición más vinculada al digital y a contenidos periodísticos de más desarrollo con los que pudiera trabajar en edición, notas más largas, con autores y escribiendo. Básicamente creo que por ahí va lo que más gusto y lo que menos.

EL CASO INROCKS

Los primeros días de septiembre, la revista Los Inrockuptibles anunció su final en papel. Y ahora su adiós al formato digital.

¿Crees que fue una cuestión de costos, venta de publicidad, o porque el lector ya no va al papel?

Viene un poco todo junto. Primero lo tomamos como una mala noticia. Para mí fue anunciada pero mala, como lector adolescente de la Inrocks y siempre como un observador interesado en lo que la revista tenía para proponer.

Obviamente no me gustó nada, pero tiene que ver con todo esto que decís: menos interés del público por productos de papel, quizás un componente específico respecto del universo cultural que la revista refleja, que es un muy pequeño -cada vez más-, no más pequeño el que Inrocks decidió mostrar, sino que ese nicho se fue achicando o segmentando y lo que era un segmento hoy es un subsegmento y así…

También, menos pauta publicitaria fundamentalmente, eso está golpeando a la industria periodística de una manera muy clara. Casi que las revistas están viviendo, no diría una sobrevida, pero todas están en un momento de crisis o al menos de reducción significativa de su volumen de negocios.

Plotkin en la Feria del Libro Cba 2018 – Ph: #
FLC2018
.

Capítulo III – Lo vital

En la profesión del periodismo hay quienes primero fueron a lo académico y luego a ejercer, y viceversa. Vale decir, ningún camino es menos que otro, es más que nada una decisión.

Yo tuve una experiencia muy de la práctica, de lo laboral, como que no me di ese tiempo de dedicarme a un estudio universitario o no me importaba tanto, quería trabajar, ejercer”.

Cuando Pablo dejó la nota sobre Maytland en Página, estaba realizando el CBC de la carrera de historia en la UBA y estudiaba en la Escuela de Periodismo TEA.

“Hoy lo veo, -no diría un error o algo que de lo que me arrepienta-, pero me parece que no hay tanto apuro. En ese momento sentía ‘a esta edad tengo que estar trabajando’; si tenés la oportunidad de formarte o de transitar una experiencia universitaria más dedicada me parece que vale la pena.

Yo medio que termine siendo un autodidacta porque siempre me gustó mucho leer todo lo que sea conocimiento, la aproximación a ideas, pero el hábitat ese de reflexión y de debate que se da en las aulas está buenísimo, siempre envidié un poco después la vida universitaria. De hecho, mientras ya trabajaba comencé a ir a Púan como oyente a algunas clases en Letras, pero la verdad nunca en ningún momento sentí que era un lugar en el que me quisiera quedar largo. O sea, iba, me interesaba, pero prefería leer en mi casa o no sé, en el colectivo.

El que tiene la oportunidad, las ganas, está buenísimo que le dedique tiempo a eso. Hoy encima el periodismo tampoco es un paraíso terrenal (risas).

Podes estudiar, tener un blog, ir haciendo cosas sin necesidad de someterte. Por otro lado, los lugares en las redacciones son muy pocos, las plazas disponibles son reducidas. Podes dedicarte a formarte que es algo que te va a servir sea como sea en la vida, mientras ejercitas el periodismo por tu cuenta, o si queres la escritura o lo que sea y eventualmente llegar a una posibilidad de publicar o escribir para un medio en una instancia más avanzada.

A mi igual me gustó, aparte no se, pensar que a los veinte comencé a colaborar en Página y esos seis años viajé por toda la Argentina para hacer notas, conocí mucha gente, más vieja y de mi generación, que me enseñó un montón de cosas, y fue una escuela intensiva para mí en la producción de periodismo escrito. Pero ese fue mi caso y también era otra época”.

¿Que tiene que tener un periodista, más allá de los cambios tecnológicos, de contexto y de lo que demande ese contexto?.

“Creo que es un lugar común, pero es tener curiosidad, tener inquietudes, tener voluntad. Tener un impulso creativo y ganas de aprender, porque yo me he topado con periodistas talentosos, jóvenes, a veces mientras yo también empezaba y no tenían, o mejor dicho no era su prioridad ir aprendiendo. El periodismo sigue siendo un proceso de aprendizaje, cada historia que abordes te plantea desafíos nuevos.

Si seguís viendo el trabajo desde esa perspectiva quiere decir que no estás muerto como periodista. Desde el momento en que lo convertís en una tarea automática, es difícil. Porque si, lo podes resolver, pero de ahí a que tenga algo de vitalidad es otra cosa”.

Por: Ángeles Mendoza Herrera
Fotos: Feria del Libro Córdoba 2018. 

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail