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Con varios años de formación en el exterior, – pianista egresado de Berklee, la prestigiosa universidad de música -, dirigió la orquesta London Session y la sinfónica de México-; Nicolás Sorín podría ser considerado tranquilamente como uno de los integrantes de la élite jazzera porteña. Pero en vez de eso decidió desaprender y hacer su propia búsqueda de géneros: trabajó con Miguel Bosé, compone música para películas y lidera Octafonic.

Además, durante el mes de julio estará realizando junto a Lula Bertoldi -cantante y guitarrista de Eruca Sativa- un homenaje a María Elena Walsh en el Teatro San Martín de Buenos Aires.

Desde la redacción de Rioja 3.0 –celular mediante- nos comunicamos con él y esto nos contó.

¿Cómo fue vivir en Berklee, siendo tan joven y llegando con otra impronta?

Si, ya no soy tan joven -risas-. Me fui de viaje a Berklee a los 17 años y fueron 5 años de sobredosis por decirlo de alguna manera. Así que ahora estoy tratando un poco de desaprender todo lo que me dejó ese momento.

Unos años más adelante trabajaste con Miguel Bosé haciendo arreglos orquestales ¿Qué rescatas de esa experiencia?

De alguna manera fue como un máster. Venia de la academia, de un lugar mucho mas estructurado y de repente haber laburado con él fue como una especia de poder llevar a la práctica todo lo que tenía desde la teoría y la verdad que eso fue también muy contrastante.

Pero ha sido una gran experiencia, siempre está bueno trabajar con gente que tienen una trayectoria tan vasta y eso me puso en el mundo real de cómo funciona la música en un sentido profesional.

En las clásicas fichas en donde definen a Octafonic la ponen como una banda que de base tiene el jazz ¿Cómo sintieron ustedes el recibimiento del público ante un género que no es de lo más populares?

Veníamos del jazz, de hecho, varios de nosotros seguimos tocando ese género, pero en realidad pienso que con los Octa ya somos más una banda de rock que de otra cosa. Hay momentos donde ya los géneros se confunden y empiezan a tomar cosas prestadas de otros.

No nos catalogaría como jazz, me quedo más en lo de banda de rock y dejaría el catálogo un poco más para las bateas de las disquerías.

En Octafonic las letras son en inglés ¿Esto se dio por una facilidad vocal o existe otra cuestión?

Se dio porque suena bien así y no nos pasa lo mismo si está en castellano o al menos yo no lo podía defender. La letra y lo literal de la voz es lo que a mi menos me interesa, pero si le damos importancia a la gestualidad de la música y como la voz se comporta como un instrumento más.

En muchas entrevistas mencionas que en tu adolescencia tuviste bandas con impronta punk. ¿Hay algo de este tipo de música que te influya en lo que haces hoy en día? 

Si, definitivamente. No solo el concepto, sino que lo que más rescato es la energía que tuvo, el drive que tiene para adelante, es una cosa casi operativa. De alguna manera, el punk es muy heroico y armónicamente también me quedaron cosas de esa época y me encanta.

En el auto siempre tengo un disco de punk como para bajar, como para tener una pequeña regresión. Para mí es muy importante eso y si bien ya estamos un poco grandes y no salimos a tocar punk es un género muy importante.

Mencionaste que siempre llevas un cd de punk ¿Qué soles escuchar?

Me gusta mucho lo que es el punk californiano, que es mucho más melancólico y luminoso en comparación al británico que por ahí es más oscuro.

Muchas veces a Octafonic, – sobretodo en los primeros tiempos-, se los calificó como una rara avis de la escena. ¿Ustedes cómo se sienten?

No tenemos problema, creo que somos un poco raros por el tipo de música que estamos haciendo. Somos de backgrounds tan diferentes que tampoco siento que pertenezcamos tanto a la escena, por más que si lo somos porque estamos haciendo música hoy por hoy en Argentina, junto a un montón de colegas y de bandas que tienen proyectos interesantes y propuestas que son muy diferentes y atractivas. La verdad es que no lo pensamos, estamos metidos adentro de lo que estamos haciendo, claramente cada persona te va a calificar de varias maneras, pero eso no nos preocupa mucho.

Tanto Monster como Mini Buda, -los dos discos de Octafonic -, se compusieron después de dos viajes. Para ser más precisos, a la Antártida y Tailandia, ¿Qué es lo que más te atrae de los lugares a los que viajas?

Esos son lugares bastante diferentes entre sí.  Cuando viajo voy con mi bloc de notas y voy anotando, esbozado ideas. La gente que habita esos sitios y su cultura me inspira mucho y de allí surgen historias ficcionales que terminan en canciones.

También compones bandas sonoras para películas. ¿Qué particularidades o libertades encontrás en este rol?

Es un rol diferente. Pasas a ser un elemento más de un conjunto, así como está el diseño sonoro o la fotografía está la música. Vas tratando de aportarle tu argumento, entonces eso te lleva a salirte un poco de tu lado de compositor cuando tenés un papel blanco.

Es posicionarse en otra cabeza, quizás sea la mentalidad que uno tiene que tener cuando produce, que resulta ser muy diferente al rol que se tiene cuando uno es parte de una banda.

El 17 y 24 de este mes, junto a Lula Bertoldi, van a estar homenajeando a María Elena Walsh en el Hall del Teatro San Martín ¿Cómo surgió esa propuesta?

Hace rato que teníamos ganas de hacer algo para niños y por la invitación de un colega se dio todo. Nos abocamos un poquito más a las canciones adultas de María Elena, ella tiene unos temas bastante contestatarios así que nos enfocamos más en eso que en las canciones que escuchábamos cuando éramos chicos. Tiene una música brutal y el mensaje más que nada es muy fuerte, estamos tratando de tomar eso y de no hacer covers, sino de buscar una vuelta de tuerca para hacerlos nuestros a esos temas y mantener ese espíritu.

¿Dentro del repertorio van a incluir algunos de los temas que hizo Walsh junto a Leda Valladares?

Si, definitivamente estamos más con ese tipo de canciones que con el Mono Liso o La vaca estudiosa. Es un show ATP con el trasfondo que también sea para los adultos.

 

Producción y Redacción: Julieta Herrera, Ángeles Mendoza Herrera

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