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 Marcelo Fernández Bitar es periodista especializado de rock.  Pasó por La Rioja -como invitado en las actividades de la productora Un No Lugar junto a Radial- en el marco de la Feria del Libro donde presentó “Soda Stereo: La Biografía Total”, su último libro donde narra a través de sus protagonistas (Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio)  la historia de la banda.

Además publicó “50 años de rock en Argentina” en el año 2015, donde narra y escribe desde adentro la historia de nuestro rock. 

¿Cómo empezaste con el periodismo?

Empecé con periodismo deportivo, a los 15 años, había pasado el mundial 79, estaba fanatizado con el fútbol y con revistas como EL Gráfico. Tenía dos compañeros del colegio que tenían una revista súper under, con mimeógrafo, todo súper precario pero de deportes. Iban a entrevistar a los deportistas después de los entrenamientos.

En un momento uno de ellos dijo ‘yo me quiero ir, ¿me querés reemplazar?’ Le dije que sí, la revista me parecía buenísima. Me vendieron sus acciones del mimeógrafo, que eran diez dólares en ese momento, una cosa así. (Risas).

Estuvimos dos años haciendo esa revista, donde era hacer absolutamente como en las películas, agarrar la guía telefónica buscar a los directores técnicos, futbolistas y nos terminaban dando la nota. Funcionaba el sistema. Aunque el que tenía un apellido como Fernández tenías 500 igual.

O salían las listas de los diarios: los cien deportistas del año. Al  mismo tiempo que ocurría eso me empecé a meter un poco en el rock como fan, descubrí a Serú Giran a los 15 y me metí de lleno: me encanto lo que escuché y empecé a comprar revistas, a buscar un poco que más había, que bandas viejas había anteriores. Y en un momento me agarró como una frustración porque no había una historia del rock, llegaba a tres o cuatro libros no más desde que empezó el rock hasta esa época, y el ultimo era del 76, no estaba lo último. Y empecé a ver que podía entrevistar a los rockeros con el mismo sistema que usaba con lo de deportes y había una revista oficial del colegio, ya un poco mejor impresa que lo hacían los de quinto año y yo en segundo ya les metía todas las notas a León Gieco, Porchetto y otros.

Y llego un momento que ‘dije bueno, nadie tiene esa historia, la voy a escribir yo’. Locuras que uno hace con pasión y arrogancia a los veinte.

Empecé con eso, antes de ser periodista en revistas, en medios, más allá que sean experiencias de colegio; quise ser escritor o una especie de investigador. Recopilé toda esa información que tenía y llegó un momento que tenía un original armado con toda la historia del rock hasta el 85, ya habré tenido 22 años, y no había editoriales que publicaran libros de rock tampoco. Era bastante inusual y justo vino una editorial que sacó un libro de Eduardo de la Puente, lo vendían en kioscos, en un circuito medio alternativo.

En medio entre la publicación del libro y el armado, al empezar a entrevistar a gente como Pipo Lernoud  terminaba el reportaje y les preguntaba por los orígenes del rock; y él me dijo  ‘che estoy por empezar una revista, si me ves en el staff de alguna llámame’.  Lo vi en una, lo llamé y empecé a escribir en CantaRock desde el número dos. Fui a ver a Enrique Symns para hacerle una nota, me pregunto qué reportajes tenia, le mostré uno, le encantó y  lo saco tal cual. Aunque le cambio el título y el copete para su revista Cerdos & Peces. Ahí entendí lo que era una edición (Risas).

Empecé a escribir revistas de rock más regularmente y una cosa llevo a la otra, entre el libro y esos reportajes como colaborador me fui metiendo en distintos medios y la suerte que tuve es que integre una camada de periodistas de rock que agarró como un recambio generacional en los 80; o sea estaban los históricos como Pipo, Claudio Kleiman, Alfredo Rosso y todos los de los 60, del Expreso Imaginario y de golpe cuando los diarios empiezan a buscar y a darle más bola al rock empezaron a buscar quien podía hacerlo. Y estábamos los de las revistas. Ahí empieza a escribir De la Puente, Sergio Marchi, Pergolini empieza en la radio, toda esa generación entre el 73 al 75 nacidos en esa época, empezamos a escribir en los diarios o a ocupar lugares en las radios. Así que era un poco estar en el lugar indicado en el momento indicado.

¿De donde surgió esa chispa por el periodismo o por escribir en sí?

Ni idea, no hay antecedentes familiares, no tenía ningún periodista que leía y decía ‘uy quiero ser como él’. Supongo que lo que me gustaba era entrevistar a gente que tenía actividades interesantes, sean creativas o deportivas. Creo que el periodista es un curioso. Al principio lo que primero te lleva es querer ver como hace el mago su truco.

Una vocación que no sé de dónde salió, porque como te decía no hay ningún antecedente, pero que fue creciendo, se fue dando. Y nunca imaginé que podía ser una profesión o vivir de esto. Tal vez como los músicos primeros del rock argentino que no imaginaban que había venta de discos y que podían subsistir con eso y después de años de dar clases de guitarra o algo terminan viviendo de los shows. Me paso más o menos eso.

Carta del adiós que publicó Clarín cuando se separo Soda Stereo

O sea que no tomaste nada de dimensión en ese momento de lo que vendría…

Mira…otro dato es que no estudie periodismo porque no existía Comunicación Social, la carrera se puso en el 85  y yo terminé el secundario en el 82. Había en La Plata, que me quedaba lejos y no me animaba. Y después había tipo Universidad Católica, que el examen de ingreso era matemática (cara de ironía) me dije me parece que no la deben dar de manera muy copada.

Así que también integro como esa última camada de periodistas de oficio que ni siquiera estudio Comunicación Social.

No tenía nada de perspectiva y la clave que puedo dar –por la cual seguramente la gente de radio me podrá retar-  y es que no guarde ninguna de las cintas. Como era de gráfica, desgravaba y me queda la nota impresa. Tengo todos mis recortecitos, todos. Pero por ahí me dicen ‘¿no tenés un audio de Luca Prodan, de Miguel Abuelo, de Federico Moura, de Pappo?’. Nada. O ‘¿No tenés aquella nota que le hiciste a Cerati en aquel momento? ¿Tenés el  fax con el que te mando manuscritas las respuestas Cerati?’ No. Así que nada me perdí la vitrina en el Hard Rock café de los originales (Risas).

¿Qué impresión te dejo la vuelta del B.A.Rock?

Me parece que está bueno que vuelva el festival, que hayan hecho la previa con el Acusticazo. En los últimos 15 años creció mucho la escena de los festivales, sponsorizados o no. No me preocupa mucho eso-el  B.A.Rock mismo va a tener alguno en algún momento, todavía no lo tiene, pero ojalá pueda llegar-. Me parece que lo interesante de este festival es que al ser un festival histórico y organizado por los mismos de aquella época, organizado por Daniel Ripoll, le da un espacio en la grilla a los pioneros. No es que solo toca la figurita de turno convocante y un par de bandas nuevas de la misma productora. Aunque sean las tres de la tarde va a tocar alguno de los históricos.

Eso me parece bueno porque si estamos celebrando los 50 años de rock argentino, que en el escenario no solo estén los últimos veinte años. Y me parece que  B.A.Rock  puede recuperar un poco ese espíritu. Lo que hicieron en el acusticazo y estuvo bueno fue que juntaron  Catupecu Machu con Salta la Banca,  con la camada original.

Litto Nebbia en el Acusticazo Barock 2017

¿Sos de buscar bandas nuevas para escuchar?

Escuchó bandas nuevas, no busco. Sería una mentira si digo que busco o buceo. En general hay algún lugar donde hacen una nota a una banda nueva, eso tal vez llamé mi curiosidad para llegar a clickear al disco al video o lo que haya. Creo que también es el desafío para las bandas. Pero bueno. Pueden llegar a grabar un disco, no es tan imposible ni tan caro como hace a 30 años, podría incluso grabar un video o un ensayo que no es tan imposible ni tan caro. El tema es como hace la gente para enterarse que eso está gratis en internet o en You Tube, porque hay diez mil que ofrecen lo mismo.

Entonces, esa es la zona donde no llego a sumergirme, en el absolutamente desconocido que recién subió el tema pero aparece alguna nota en alguna revista o en algún sitio web y me dio la curiosidad de clickear.

El otro aspecto es que en los últimos cinco o seis años me llamaron un par de  veces para concursos de bandas nuevas. Eso también está bueno, de decir que está pasando o quiénes son los que se presentan a los concursos y hay un primer vistazo. Lo que si bueno tal vez no encuentro el próximo Charly García pero es bastante ver en que andan estilísticamente ‘uy mira hay unos falsos Cadillacs, hay unos falsos Dread Mar- I-s  , hay un falsos Miranda’. Me llama la atención que hay mucho rock pesado.

Esta bueno ese pantallazo.

¿Te quedó alguien por entrevistar que te hayas quedado con las ganas? que esté vivo. O no.

Creo que por las revistas donde estaba o la producción de los programas de tv o de los diarios siempre tenía un pretexto para poder entrevistar a alguien, de decir che hagamos una nota porque vi que estas por tocar en un estadio o en un bolichón chiquito. O de golpe aparecían algunos viejos héroes anónimos de los primeros tiempos y sabía dónde estaban tocando, ahí iba hacia la nota y lograba publicarla aunque a ningún jefe del diario o revista le interesaba; el día que había un huequito allí lo publicaban.

Creo que no, me di el gusto con todos. De Los Gatos, Vox Dei, Almendra, Charly, Spinetta.

No llegué a entrevistar a las bandas muy populares de los últimos 15 años. Como a Callejeros, que no llegué porque cuando los fui a buscar ya habían sacado dos discos y tenían la teoría  que no harían reportajes excepto a quienes le hicieron cuando no eran nadie; como a Juan di Natale, que los había entrevistado en la radio en el concurso de bandas.

A ellos me los perdí.

¿Alguna mala experiencia entrevistando?

En las entrevistas siempre corría con la ventaja que como era de espacios musicales, el músico sabia más o menos que iba a poder charlar de lo que le interesaba. No era un periodista que era de una revista que no era del palo, o si iba de algo como de revista Gente sabía que no le iba a preguntar por la novia, sino por el disco o si pero para que este no como un interés mío.  En lo posible controlaba yo los títulos para que no me pusieran “No voy a hablar de mi novia”.

Pero más que notas difíciles a veces hubo situaciones difíciles, donde el músico esta distraído o muy volado,  entonces decís necesito sacudirlo para sacarle una respuesta y que se ponga a charlar de manera consistente.

O pasa con famosos, que están muy colgados. Pero no deja de ser pintoresco y uno más o menos sabe llevarlo, porque también tiene amigos colgados y sabe lo que pasa cuando están muy borrachos (risas).

Me pasó con Joaquín -Levington- de Turf un par de veces, que estas charlando y de golpe saca la cámara de video y dice ‘bueno filmemos’ o ‘mira como toco’ y vos decís por dentro ‘¡contéstame!’.

O Andrés Calamaro en la época Salmón que cuando querías terminar la nota, te salía con ‘te voy a hacer escuchar unos temas’. 120 (Risas).

Hacíamos un truco con los periodistas que era ‘vos tenés tu nota a las 8, bueno yo caigo a las once y te libero’. El que era último perdía. Pero siempre teníamos la clave que cuando abría la puerta Calamaro para que entre uno, se escapaba el otro.

Pero bueno, más allá del chiste o de la fobia de estar mucho tiempo con el músico siempre es interesante estar charlando veinte minutos o una hora. Ya cuando son tres horas y capaz tenés otra cosa que hacer se vuelve más pesadilla.

Charly por ejemplo tenía una lógica cuando hacia notas para revistas de rock. Las concedía cuando estaba recién levantado no cuando estaba tres días sin dormir, era un momento en que estaba especialmente lucido y tranquilo. Siempre pensé que eso era algo que él lo armaba especialmente.

A riesgo de tener que estar llamando cada diez horas para ver cuando se despertó. Porque atendía el su teléfono directamente.

Pero creo que no hubo mucha pesadilla.

Estas en el periodismo de rock hace mucho tiempo y viste pasar distintas gestiones de gobierno. ¿Qué reflexión podes hacer sobre la relación de la política y el rock?

Si bien la relación del rock con la política comienza de alguna manera casi desde los inicios,- porque el festival PINAP como el primer B.A.Rock, fueron declarados interés municipal; también hubo un festival de rock para festejar el regreso de Perón, con bandas como La Pesada y otros de la época-, creo que empieza a hacerse más grande la relación a partir del regreso de la democracia del 83. Los primeros ministros –o subsecretarios, creo que todavía no eran ministros- de cultura de la ciudad comienzan a hacer festivales gratuitos  en las plazas y en muchas provincias también comienzan a hacer lo mismo.

Después va ocurriendo un tema generacional y es que los políticos llegan a puestos son de cultura rockera y van –por dar un ejemplo- al Acusticazo, medio cholulo y se va a sacar una foto con Litto Nebbia porque le gustaba.

Creo que el rock y la política en Argentina ocurrieron dos cosas: por un lado quedó la costumbre de generar recitales gratuitos que tal vez no hay en todos los países del mundo, que artistas importantes y caros incluso den algún show gratis organizado por un municipio, gobernación o nación.

Ojo. Otra cosa distinta es cuando el músico se sube a la campaña y hace la previa del discurso. Ocurrió en la primera de Menem, ocurrió con Angeloz para hacerle la contra a Menem, incluso hubo toda una gira nacional con Spinetta; Tan Biónica con Macri, La Mancha de Rolando con Cristina. Ahí si es con un fin partidario y es absolutamente válido, pero creo que la mayoría de recitales que se organizan son en espacios públicos bancados por alguna gestión pero no está el músico sacándose la foto con el candidato ni con el afiche ni abrazándolos. Si eso puede incluir un espacio previo para bandas nuevas hasta da más motivo para aplaudir.

Si es solo bueno llevó a un artista importante, reparto volantes en la entrada, hay como una ayudita mutua. La banda que le cuesta llegar al interior del país, llega, con lo caro que es transportar y llegar, a cambio que volanteen en la entrada y el de la gestión consiga reunir gente en un evento.

Creo que las únicas bandas que no están haciendo conciertos para gestiones son las de más extremo izquierda,  y están en desacuerdo con que se organicen esas cosas. Pero la mayoría creo que festeja, celebra o esta malcriada con esa costumbre que lleva más de 30 años.

¿Puede esa relación  adormecer al rock?

No creo que tanto como para adormecerlo, porque tampoco creo que una banda por más grande que sea se pueda sostener solo con esos shows. Además es una buena opción para llegar a territorios o regiones donde solos para llegar no les dan los números

Me paso de ir a un Personal Fest y vi las dos bandas nuevas y me parecieron buenísimas. Esta bueno tener esa pequeña vidriera y ver  hasta un público local que sabe los temas, que yo no conocía.

Libro “50 años de Rock en Argentina” foto: La Posta Cultural

Leí que naciste en EEUU…

(Risas) Me gusta subrayarlo porque es una paradoja ridícula que el escritor del rock argentino sea justo un yanqui.

En realidad mis padres estaban viviendo allá, mi papa trabajaba y estudiaba allá, y viví hasta los seis años. Es algo accidental y no tengo nada yanqui.

Creo que fue en la reedición del libro de 50 años del rock que puse especialmente eso en la solapa y jugamos con el editor  y salió allí.

Un agente de la CIA controla el rock de Argentina (risas).

Viviste el fenómeno Soda muy de cerca. En esos años cuando Soda comenzó a ser como se lo concibe ahora ¿pensás que hizo un cambio en la manera de consumir música?

Los primeros años de Soda en los 80 coincide con todo un surgimiento y una movida fuerte del rock argentino porque ya había venido el arrastre de la Guerra de Malvinas donde las radios descubrieron que había un rock y que en el archivo de Radio Nacional había unos 500 discos, y los empezaron a pasar pero cuando terminó la guerra quedaron esos espacios. Empiezan a aparecer las FM, los diarios empiezan a darle espacio a los suplementos jóvenes, o se vuelven más jóvenes los de espectáculos- como en Página 12-; entonces cuando Soda aparece ellos acompañan todos esos nuevos espacios que van surgiendo, el último concierto del 97 se transmitió por internet, aunque recién empezaba. Ya en el 2007 estaban las redes armadas a full.

Entonces me parece que Soda acompañó -y armó desde su posición de ser una de las bandas más populares del país- toda esta nueva manera de difundir y escuchar rock.

Aparte es una de las primeras bandas que tuvo una concepción estética en el escenario…

Ellos además el otro elemento fue que integraron la generación MTV. Ya estaba la MTV, ya estaba la cultura de los videoclips, estaba la fantasía de llegar a otros países solo gracias al videoclip.

Después empiezan los canales locales, empieza Much Music, y Soda al ser de esa nueva camada del rock argentino que tomó mucho del punk y de la new wave sabía perfectamente lo que era prepararse para hacer un video, para una foto de prensa, maquillarse. Hasta que se les fue la mano y dijeron ‘mejor saquémonos un poco, tengo más maquillaje puesto que mi novia’ (risas). Entonces esto es lo que hizo armar una nueva forma de difundir y de moverse en la industria en definitiva.

¿Crees que haya influido que Gustavo y Zeta estudiaban publicidad?

No sé si con el tema de la imagen y la producción, pero tal vez influyó en las letras. Las primeras son bastante publicitarias, hay juegos de palabras; lo más parecido a eso serían los tres primeros discos de Virus, con las letras de Roberto Jacoby -que era publicitario además de artista plástico- y me parece que el tema de la publicidad de Gustavo y de Zeta aparece más ahí.

Estaba esa cultura fuerte de las bandas de afuera,  estaba la revista Pelo, entonces todos los grupos nuevos se pasaban horas en la peluquería, tratando de buscar la ropa vieja que pareciera moderna, robándole el tapado a la tía.

Supongo que lo publicitario aparece más en el impacto de las primeras letras.

Sabemos que fuiste a ver la presentación de Séptimo Día ¿qué te impactó de eso?

En realidad perdí un poco la perspectiva y la objetividad con Séptimo porque primero me contactaron los directores,  debe haber sido en el invierno de 2015, vinieron a Buenos Aires a hacer un recorrido del terreno, fueron a ver el estadio de River; la madre de Gustavo les mostró el cuadernito con las letras que tenía Gustavo y armaron un almuerzo con la gente que vio los primeros conciertos en vivo de Soda. Al año siguiente, en el 2016, me convocaron para hacer un documental para acompañar todo el armado del show hasta el estreno entonces de golpe cada dos o tres meses entrevistaba a los músicos, a los escenógrafos, a los iluminadores, entonces cuando llegó el estreno ya había visto varias previas con los cambios que hicieron sobre la marcha y pasó que en todo ese proceso me parece que lo genial del show es que se armó una celebración de la música de soda. Más allá de las versiones nuevas, o de la puesta, es un marco donde el público que le gusta Soda puede ir a cantar las canciones de nuevo  a un estadio.

Es algo que en las primeras funciones de prensa no se notaba porque somos el peor público, los periodistas y los sponsors, pero fui un par de veces después a  verlo y el público realmente disfruta. Capaz que salen con algo como ‘no me gustó tanto o no me gusto tal pirueta, o el maquillaje’, pero ahí está la gente cantando los temas y es realmente emocionante.

Y en algún momento del show, si te gusta mínimamente la música de Soda, se te pone la piel de gallina. No sé si eso ocurre con las bandas tributo, no fui a ver ninguna.Tal vez ocurra lo mismo, pero me parece más raro ver una banda tributo, unos falsos Soda.

Pensá que también la gente que fue a ver SD quizá no le gusta el Cirque Du Soleil y nunca fue a verlo porque tiene una estética rara, es como Flavio Mendoza pero más raro todavía.

Y por otro lado la gente que si le gusta el Circo y no conoce la música de Soda o pensaba Richard Coleman que fue con la hija, solo conocía algunos temas y de golpe cuando suena Persiana Americana, y dice ‘ah el tema de Soy Luna’.

O mis hijas lo conocían por Agapornis, es raro. Hay gente que va no por todos los elementos que hay pero es realmente emocionante.

Esas ganas de ver a Soda sigue vigente y todos imaginamos que si Gustavo no habría tenido el accidente, todos se hubieran reunido de vuelta, estaba eso latente.

Y eso permite volver a celebrar de una manera bastante oficial digamos, a celebrar esas canciones.

¿Qué opinión tenés de la supuesta rivalidad Redondos/Soda?

El mismo Indio que nunca participó del cuestionamiento escribió unas palabras cuando murió Gustavo y dejo entrever que no le gustaba mucho Soda pero si la carrera solista de Gustavo casi poniendo fin a esa polémica que nunca nació de los músicos porque de hecho ni se cruzaron; porque por más que circularan en los mismos cinco boliches de Buenos Aires nunca se cruzaban porque uno tocaba en uno y mientras la otra banda en otro.

Se armó un enfrentamiento del público, por suerte pintoresco porque nunca fue violento, es como el ADN argentino, el Boca/River, el radical/peronista, el Macri/Cristina. Como una costumbre que genera pasión en los distintos bandos muy de barrabrava en el público de rock creo que ya no existe tanto, es muy de los 80 o de los 70.

Lo de la violencia que te decía, en el primer B.A.Rock hubo barras peleándose porque estaba la de Los Gatos contra la de Vox Dei y no se si no hubo un cuchilleo incluso.

En el festival de La Falda la gente le dio la espalda a Miguel Cantilo porque estaba con La Punch. Y el día anterior le aplaudían los temas de Pedro y Pablo, el mismo músico.

O en el debut de Serú Giran, la gente iba con los grabadores a pila para piratearlo -porque era una costumbre muy rockera de la época- y les tiraron las pilas.

Entonces había una intolerancia más marcada. Ahora en un festival mismo no te gusta la banda de reggae te vas a comer algo, te quedas tomando algo con tus amigos pero no le haces una agresión tan fuerte.

Un Cosquín no se podría hacer

Incluso en los primeros Cosquín se hacían los días temáticos: heavy,pop, etc para que no se cruzaran los ecosistemas. Ahora conviven y hasta en distintos escenarios al mismo tiempo. Es lo lindo de los festivales de los últimos años.

¿Como ves el formato de la gráfica hoy, siendo todo el tiempo se postula la muerte del papel?

Hay una muerte del papel donde los diarios venden menos, la gente se pasa más las notas por redes sociales, ni siquiera lo buscan en la web si no que alguien te pasa el link y lo ves.

Las revistas siguen saliendo pero lo raro que hay dando vueltas es que se armó una costumbre inesperada de los libros de rock, de rock argentino, internacional, escritos afuera y traducidos. Creo que el viejo público consumidor de notas largas tal vez no compra revistas y compra libros.

Esto es rarísimo. Venir a una feria del libro a hablar de un libro de rock,  te juro que no me paso en el 87 ni en el 88, es más a nadie se le cruzó por la cabeza

Pero la gráfica –aunque los que escribimos para diarios y revistas somos una especié en extinción – sigue siendo necesaria aunque sea como detonante de todo.

El disco. El soporte. Es un pretexto para armar la gira. Las bandas ya no ganan los miles de millones con las ventas y las regalías, lo pirateas o la banda lo pone gratis en su página. Pero tener el disco nuevo o sacar la nota en el diario es un modo de  anunciar que hiciste algo nuevo. Me parece que lo que está ahí y lo que esta y perdura es la obra artística de cada uno.

Pero a su manera la gráfica y los cds, siguen sosteniendo eso y a la hora de leer el más curioso o el mas fanático se volcó a los  libros, porque no se venden revistas pero salen 15 libros por año de rock y prácticamente todas las bandas y artistas solistas tiene su libro y esta genial.

Siempre soñaba donde haya una batea o un estante en una librería con muchos libros de rock, y hoy están publicándose, tanto en  editoriales grandes como independientes.

 

* Marcelo Fernández Bitar Pasó por la gráfica a través de distintas publicaciones como El Cronista, Perfil y Crítica, además de las revistas Canta Rock, Pelo y La Mano, entre otras.

Actualmente está  en Radio Nacional, como columnista, en el programa Dulces y Amargos que va de lunes a viernes de 15 a 17 horas. Escribe en la revista Billboard y en la página web Generación B.

Publicó los libros Historia del Rock en Argentina (1987); Soda Stereo, la biografía (1990) e Historia del Rock en Argentina (edición ampliada, 1993). Durante 2007 acompañó a Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio durante toda la gira de Soda Stereo y escribió Diario de Gira.

 

 

Producción y redacción: Julieta Herrera, Ángeles Mendoza Herrera.

 

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