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Con una trayectoria más que respetable (con obras como Almas, Unos duraznos blancos y muy dulces, Para dos pianos), el Pasillo Teatro apuesta a una obra donde equilibra tanto lo escenográfico como lo actoral y agrega elementos que sumergen al público, convirtiéndolo tanto en espectador como en cómplice de una historia grotesca.

Ph. Julieta Herrera

Dirigida por Victoria Cárdenas y realizadas en el centro cultural Umbral Artes, la obra tuvo siete funciones con buena convocatoria. El lugar elegido no es azaroso, sino un eje central de la obra, Umbral es una casa antigua, como en la que vivía Martita (Cynthia Gómez) el administrador (Eduardo Masramón) y Eulogia (Emilia Nieto Valdez).

A la vida de ellos llega el Sr Frankenstein (Gabriel Arancibia). Entre lo grotesco y el humor negro, viven estos seres y dos presencias fantasmas, una, la madre de Martita, está viva pero nunca la vemos y la otra  está  en un cuadro de la cocina de la casa familiar, Don Felipe, el fallecido padre de Martita.

En la trama, hay una propuesta de matrimonio, pero esto no es una historia de amor. Más bien,  es una de deseos desviados y anhelos patrimoniales.

La obra podría dividirse en tres momentos. El primero funciona de antesala, que justamente se desarrollará en la entrada de la casa, afuera mejor dicho, donde el público espera. En eso aparecen Martita y el señor Frankenstein llevándola en su silla de ruedas, cruzando la calle de plaza céntrica que queda al frente del centro cultural, donde surge algo muy interesante para la puesta, que es la demarcación entre los personajes y la historia, el público que fue a eso y algunos curiosos que se paran a mirar.

 Aquí se mezcla la ficción y la realidad del afuera, los ruidos del tránsito y de los que pasan por allí.  El Sr Frankenstein da a conocer sus intenciones, y Martita está casi secuestrada por aquel hombre al que generar terror (tanto en los niños que asisten a su Tren Fantasma como en cualquier otro ser que se le cruce) lo pone alegre.

Ph. Marianella Peña Pollastri.

El terror no tiene fronteras”, dice Frankenstein y cierra así un cuasi monólogo sobre el horror (mientras que Martita al parecer, además de ser invalida, se quedó muda y lo único que logra emitir son gritos de espanto) para dejar paso a la entrada de Eulogia, -una especie de ama de llaves de la casa de Martita-, una mujer un tanto deformada en su andar como en su forma de ser, pero que con su forma de hablar y sus palabras genera las risas unánimes de los presentes.

Luego se invita a todos a pasar a la casa, precisamente donde ocurrirá lo que queda de la trama, una cocina comedor ( que no es solo puesta sino que es de verdad) , pero previamente atravesamos un pasillo que pareciera ser uno de los tantos pasajes del tren fantasma de Frankenstein.

 La primera función que se brindó fue dirigida hacia periodistas, comunicadores y gestores culturales. En la misma se vivió un clima de efervescencia y curiosidad por ver la obra, ya que realizó de un modo eficaz una comunicación visual notable tanto en fotos como videos breves difundidos con anticipación.

En la segunda, ya dirigida al público en general se pudo vivir la misma animosidad del público. Entre función y función la parte técnica se perfeccionó: se iluminó donde faltaba, el sonido fue mucho más acertado en volumen y precisión con la acción escénica.

Al manejar el humor negro, el sarcasmo en una historia oscura, donde la ética y la moralidad se ven sobrepasadas, se generan risas incómodas, donde a veces ríe todo el público y en otras instancias, con más temor, alguno (s) dejan caer una risa a medias, como dudando si reír o no.

Pero el cambio más significativo es el de la energía que maneja cada actor. Es decir, esa energía no disminuye ni va en detrimento de la calidad de la obra, pero en la primera función para un público más específico, los actores tenían una energía desbordante, casi excitada (que incluso generó la rotura de un vidrio en una ventana, un accidente que durante la obra nunca se lo tomo así sino como parte de la obra misma). En cambio ya para el público en general -y habiendo pasado quizás esa prueba de fuego- la energía estaba en su punto justo, regulada, sosteniendo cada papel.

Ph. Marianela Peña Pollastri.

Otro detalle es cómo algunas palabras en los diálogos fueron mínimamente cambiados pero siempre en pos de la misma idea a transmitirse.

Esta historia – sin precisar su tiempo y lugar de los hechos- se ancla al presente desde algo que atraviesa los tiempos y es el lugar en el que se pone a una mujer, infantilizada como Martita, donde nada puede decidir por su condición porque es arrastrada y pasada como un botín de guerra entre los intereses de unos y otros (Frankenstein, el Administrador y Eulogia, los tres viven un mal pasar, un deterioro material y sustancial de aquello que tuvieron en algún momento).

Estéticamente para algunos resultara una conjugación entre  el expresionismo Alemán (corriente artística que derivo también en el cine) y las películas de Tim Burton.

Es cierto que algunas decisiones actorales, como la exageración histriónica de los personajes o el uso de la tonada riojana pueden generar tanto simpatía como antipatías en el público, pero no desatina siendo que es desde donde se realiza.

Hay una composición armónica que se armó con la consolidación de un equipo de trabajo total, tanto detrás como frente a escena. También es destacable cómo la obra busca despertar sensorialmente al espectador, como por ejemplo con un elemento mínimo como el uso de un celular (para tomar fotos del día del casamiento) se incluye al público en las fotografías, siendo unos testigos cautivos ya de esta trama del horror. Después de todo, como manifiesta Eulogia, exaltada por la bondades que generaría un nuevo tren fantasma, ” hay gente que paga para ser horrorizada”.

FICHA TÉCNICA DE LA OBRA:

Obra: “LUNA DE MIEL EN HIROSHIMA”

Funciones: Jueves 19, viernes 20 y sábado 21 de diciembre a las 21 hs

Lugar: Umbral Centro Cultural

Autor: Víctor Winer

Grupo: El Pasillo Teatro

Dirección y puesta en escena: Victoria Cárdenas

 Duración: 60 min.

Actores: Cynthia Gómez, Gabriel Arancibia, Eduardo Masramón, Emilia Nieto Valdez

Diseño y  técnica de iluminación: Pano Navazo

Musicalización y efectos especiales sonoros: Romina Ruarte Lucero

Sonido ambiente, edición musical, fotografía y gráfica: Carlos Ku

Muñecos, accesorios y escenografía: Ayelén Argañaraz y Juan Gabriel Funes Grimaux

 Producción ejecutiva, comunicación y soporte de prensa de El Pasillo Teatro

Asistente técnico: Simón Gómez Cárdenas.

Por: Ángeles Mendoza Herrera

*Esta crítica fue realizada bajo la práctica de la Beca de Estudio y Perfeccionamiento otorgada por el Instituto Nacional del Teatro.

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