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La Comedia de la Provincia estrenó, el 18 de octubre, la obra “La Isla Desierta” de Roberto Arlt en la Universidad Nacional de La Rioja, y contó con la iniciativa de la cátedra de Literatura Argentina de la carrera de Letras. De allí se desprende esta crítica.

Foto: Cultura La Rioja

Nueve personajes capaces de generar y transmitir la opresión que viven, en una oficina al lado de algún puerto, por el que ven sus sueños escaparse, así como los barcos que observan en cada jornada parecieran diluirse en el horizonte. 

La autoría pertenece a Roberto Arlt, quien dejó una obra no solo literaria y periodística sino también de dramaturgia. La Comedia de la Provincia de La Rioja, que este año cumple 50 años de trayectoria, toma esta historia con un elenco a la altura del texto.

Siete oficinistas y un jefe están recluidos, produciendo sin cesar, -¿por voluntad propia?, un trabajo en círculo que no para. A ellos se les sumará un visitante frecuente, un cadete que viene a contarles acerca de sus hazañas en el mundo exterior.

Con recursos técnicos mínimos, pero bien usados, la obra destila lo que busca. La sala elegida, un anfiteatro universitario, da el marco perfecto por su sentido circular y el público ordenado en las butacas de manera gradual que rodean la escena.

Siete oficinistas y un jefe están recluidos, produciendo sin cesar, -¿por voluntad propia?

La escenografía es sencilla. Una especie de tarima alta donde se coloca el jefe, generando la distancia con los empleados, que están ahí abajo en sus escritorios representados por sus sillas, gestos y ruidos de máquinas de escribir. Ellos, con sus vestimentas, también transmiten ese orden liso y llano, vestimentas similares y formales, traje, camisa, cabellos bien peinados hacia atrás.

No necesita mucho más: cuando sea necesario habrá dos temas musicales y luces de color.

Podemos encontrar referencias varias, como aquella frase que dirá el personaje de Manuel: “el otro soy yo”, que parece una cruza entre el poeta Arthur Rimbaud (sugerimos la lectura de sus ‘Cartas del vidente’ donde dice ‘yo es otro’) y el psicoanalista Jacques Lacan – si bien es posterior al autor, Arlt es considerado muchas veces un visionario-. También se puede oír la palabra anomia, aquel concepto desarrollado por el sociólogo Emile Durkheim.

En cualquiera de sus ramas, la obra de Arlt invita a ser conocida, por su escritura intempestiva, su entramado y contexto, llama a sumergirse en sus personajes oscuros, complejos y cínicos, pero siempre en el fondo tan humanos como cualquiera de nosotros.

El cadete les contará a los oficinistas del afuera, ése que ellos no viven, y poco a poco los irá seduciendo la idea de salir, de conocer esas islas lejanas y tropicales que les describe. Se avivará el deseo, la curiosidad, todo aquello que está apagado en pos de la vitalidad.

Incluso tomarán una conciencia de que la verdadera isla está entre esas cuatro paredes, donde han perdido la noción del día y la hora.

Todo resultará un subterfugio efímero.  Ellos fantasean con otra vida, con lugares desconocidos, pero de repente, una voz rompe esa ilusión que tienen los que sueñan despiertos, y que golpea con violencia no solo a ellos, sino también al público, como un cross a la mandíbula, ese golpe letal, estratégico, dado en el momento y lugar justo.

FICHA TÉCNICA

Elenco: Comedia de la provincia

En escena: César Torres, José Herrera, Gabriel Arancibia, Giannina Allegretti, María Heredia, Sofía Pelliza Macías, Francisco Sotomayor, Luis Ávila, Pedro Romanazzi.

Dirección: César Torres.

Asistencia de dirección: Valeria Castillo.

Asistencia: Rosario Casulli.

Técnica: Fernanda Torres Leiva, Iván Rosales Sansevich.

Por: Ángeles Mendoza Herrera

*Esta crítica fue realizada bajo la práctica de la Beca de Estudio y Perfeccionamiento otorgada por el Instituto Nacional del Teatro.

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