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Por Angeles Mendoza Herrera

Santiago Barrionuevo de El Mató a un Policía Motorizado

Santiago Ariel Barrionuevo, alias Santi motorizado, alias Chango, es uno de los nuevos creadores del rock and roll argentino, que escapa a las poses y a la falta de humildad que suelen tener algunos músicos de este género. Es el cantante, letrista, bajista y diseñador de la imagen de la banda que comanda y forma parte.

Nació el 19 de mayo de 1980, en la ciudad de La Plata, Buenos Aires. Allí, entre la primaria y la secundaria conoció a sus compañeros, sus amigos, sus cómplices en este camino artístico que tiene ya una trayectoria de 13 años con nombre propio: El Mató a un Policía Motorizado. Una banda de las tantas que salió de la prolífica ciudad platense.

Sus compañeros son Gustavo Monsalvo, alias Niño elefante en  primera guitarra;  Guillermo Ruiz Díaz, alias Willy y alias Doctora Muerte en batería; Manuel Sánchez Viamonte, alias Pantro puto en segunda guitarra; y el último en incorporarse en el año 2009, Agustín Spasoff, alias Chatrán Chatrán.

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El Mato probando sonido en Catamarca.

Así, en ese mundo de nombres ficticios –que Santiago inventó para una muestra de dibujos-, que remiten o recuerdan a películas de ciencia ficción clase B,  ahí vive el Chango, que es de carne y hueso. Tiene unos 36 años, pero un espíritu de niño y casi adolescente que exuda ternura en cada gesto.

Eso sí, la adultez está  presente en lo profesional con que se toma su carrera artística, en el respeto que tiene por sus compañeros y por cada persona que se dirige a él.

Santi Motorizado es el centro de un universo, que funciona por la acción de todas sus partes, pero en la que él ocupa ese lugar, no por (ni con) autoritarismo sino por seguridad en cada paso dado.

Tiene seguridad en su discurso, aunque a veces emerge cierta timidez con los halagos. Y cuando le pregunto cosas de índole más privada, las responde pero mira para abajo, como con cierto temor o pudor de exponerse.

Santiago tiene cara de bonachón, –y lo es-,  hoy viste una remera roja con la inscripción de un club de básquet, una bufanda bordó, bermudas, campera y zapatillas negras. No hay rastros de vanidad en él. Su voz es calmada, clara y, cuando ríe, ríe con ganas.

el-mato-en-la-rolling-stoneHace unos pocos meses, El Mató fue tapa de la revista Rolling Stone en Argentina. Un gran logro para una banda que siempre se movió sin el impulso de grandes discográficas ni la alta rotación radial. Tras doce años de carrera, El Mató llegó a la tapa, aunque desde el 2004 habían ya ocupado otros espacios en ese medio gráfico, desde anuarios, criticas de discos, entre otros.

Una noche de sábado, en la vecina provincia de Catamarca, comienzo con mis preguntas en un club de básquet, unas cuantas horas antes que realice junto con la banda su primer recital aquí, en este lugar del norte.

-¿Cómo te presentarías?

-Canto canciones en El Mató y, a veces, en solitario. Me gusta escribir canciones, dibujar, viajar, sacar fotos, pasear; es lo que me hace feliz así que trato de hacerlo todo el tiempo

-¿Qué fue primero en tu vida? ¿La música o el dibujo?

-Primero era muy fan de dibujar, todo el día dibujando, un poco como lo hacen todos los chicos. Mi hermano más grande, Alejandro, dibujaba. Ahora hace historietas para Marvel y DC Comics y vive en España. Siempre lo tuve como un referente.  El dibujaba mucho cómic y consumía mucho cómic europeo de los ochenta. Yo ahí también me copaba con hacer mis historietas al verlo dibujar a él.santiago-motorizado-dibujos

Descubrí la música de escuchar cosas que me impactaron o conmovieron, pero antes de eso estaba mi viejo que toca la guitarra de manera amateur, y siempre tuvo una guitarra criolla en mi casa. Ese fue el primer contacto fuerte, verlo a él tocar. Me acuerdo que a la noche se encerraba en su pieza, apagaba las luces y se ponía a tocar la guitarra. Con mi hermano más chico, siendo muy chiquitos, nos metíamos a escucharlo sin que se dé cuenta.

-¿Cuántos años tenías? ¿Qué tocaba en su guitarra?

-Ahí teníamos unos cuatro o cinco años .Tocaba folklore, boleros, tangos. Estaba buena esa imagen de él en la oscuridad, añorando algo, era como romántico, me gustaba.

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La música y la ilustración. Ambos caminos se entrecruzaron en la vida de Santiago, para terminar confluyendo y retroalimentándose con El Mató.

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Los personajes de sus dibujos tienen algo de barrio, de heroicos y hasta bizarros. Todo combinado de manera muy particular.

Sus letras son resaltadas muchas veces  por su repetición mántrica o por ser especies de haikus musicales.

Más allá de tener un origen de creación, contexto y demás, la obra total de Santiago tiene algo de atemporal que atraviesa lo particular de la ciudad en que nació y los lugares que frecuentó.

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¿Y la música? ¿En qué momento llegaste a la idea de tener una banda?

Como tenía una facilidad para el dibujo,  a mi viejo se le ocurrió que vaya a una escuela ahí en La Plata, de Bellas Artes, donde había asistido mi hermano más grande, que ya había egresado para ese entonces- me lleva diez años-. La escuela era especializada en plástica pero también en música, y entonces hacíamos intercambios con mis compañeros nuevos, como teníamos las materias comunes del secundario y, después de un horario, nos dividíamos en plástica y música. Con ese intercambio aprendí a tocar la guitarra, porque a mi viejo nunca le pedí que me enseñara a tocar, no me animaba, pero con los chicos sí. Así los de plástica aprendimos a tocar instrumentos.

Después empezamos a armar nuestras primeras bandas, me acuerdo sobre todo de la primera con la que toqué en vivo: estaba en  segundo año del secundario y fue para los Torneos Juveniles Bonaerenses, que ahora creo que son los Torneos Evita Interprovinciales. Tocamos en La Plata, en el pasaje Dardo Rocha, era como una competencia, una cosa medio rara, pero era divertido tocar en vivo, con buen sonido.

Era una banda de punk rock melódico, ahí cantaba solamente y tenía unos nervios que me quería matar. Era algo que deseaba un montón pero al momento de subir al escenario pensaba, que pase algo y se suspenda todo que me quiero ir a mi casa (risas). Pero es ahí, el vértigo, el primer paso; aunque tardan años en que se te pase ese vértigo.


-¿Cómo se llamó la banda?

Esa banda se llamaba Terapia Intensiva, después se pasó a llamar Terapia solo y después tuve otras bandas, mil bandas.  Después hubo un momento donde dejé de tocar, estuve dos años sin tocar, sin dibujar sin hacer nada, así como perdido.

-¿Y cómo fue que decidiste o llegaste a cantar?

Un grupo de chicos habían armado una banda, había un cantante; un día el hermano de uno quiso grabar un video, alquiló una sala de ensayo y el pibe que cantaba no podía ir ese día y me dijeron a mí, como de reemplazo, y les gustó. Después quedé. Vieron que podía afinar un poquito y me llamaron de nuevo. Igual era una banda formada así nomás, no es que le saque el lugar a nadie.

-¿Las canciones eran tuyas?

No, hacían canciones de ellos, yo las cantaba pero no eran mías. Pasó eso, después de tantas bandas siempre eran canciones de otros. Está todo bien con eso pero cuando llegó ese momento donde no estaba haciendo nada, sentí  que no tenía que esperar que alguien me convoque a su proyecto a participar, porque estás ahí esperando a que suceda un milagro o no. Y me animé a hacer mis canciones, armar mi propio proyecto para volver a hacer música. Y ahí nació El Mató. Tenía unos 21 o 22 años,  fue en el 2002. Me animé a hacer un primer boceto de canciones, se lo mostré a Manu, a él le gustaron y eso me ayudo un montón, tenía mucho miedo. Era algo nuevo y raro escribir una letra, te pasás a otro universo.

-¿Hubo un momento epifánico, digamos, en el que te dijiste a vos mismo: “Esto quiero hacer para siempre”?

Cuando les mostré las canciones a los chicos, ahí armamos la banda y empezamos. Ese momento. Aunque al principio no se llamaba El Mató y aun no era la formación actual. Tocaba la batería Diego Koyi, y Gato – Javier Sisti Ripoll que ahora canta en los 107 Faunos- en la guitarra. Ellos no podían nunca por el laburo y la facultad, entonces entró Willy y después Gusti. Cuando empezamos, a todos nos gustaba mucho lo que estaba saliendo. Como me sentía re perdido esos años,  me dije: “Bueno, voy a poner toda mi energía en esto, sale por acá y, si sale bien, sale bien”. A partir de ahí no paré nunca.

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-¿Qué hacías antes de El Mató?

Entré a estudiar plástica cuando termine la secundaria, en la Facultad de Bellas Artes, que es al lado de la escuela. Pero no iba nunca, era mal estudiante, la facultad sobre todo que es así medio caótico, o quizás es relajado pero yo era mal estudiante. Los recuerdos de esos años previos son siempre de noche, levantarme tarde, no hacer nada, juntarme en la casa de los abuelos de Manu a perder el tiempo. Pero supongo que ese momento, así de crisis, también ayudó a que nazca El Mató.

-¿En qué momento se te ocurrió usar el recurso del dibujo para la imagen de la banda?

Antes de El Mató no hacía nada, ni música ni dibujaba, sentía que el arte no iba para ningún lado. No tengo una idea o un porqué, pero cuando empezó la banda fue un motivo para volver a dibujar: tapas de discos, afiches, todo eso. Aunque al principio hacia más collage, no tanto dibujos.

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-Ví que ilustraste el último libro de Fabián Casas (“Trayendo a casa todo de nuevo. Todos los ensayos”), que salió recientemente. ¿Cómo surgió esa relación?

Nos hicimos amigos en la radio, en un programa que se llamó Mal Elemento por Rock and Pop, con Lingeti (Alejandro),  con quienes también ahora somos muy amigos. Pablo Strozza estaba también y creo que Mariano del Águila. Nos invitaron a tocar en vivo en el programa, los conocimos a ellos, todos unos personajes muy melómanos. Vino Fabián, me regaló un libro y  nos dijo: “Soy muy fanático de ustedes, me parecen muy geniales, igual nunca los escuché”. Y le pregunte por qué y me dijo: “Porque ví un par de fotos y me gustó cómo salían” (risas). Me pareció  genial eso. Después nos invitó a su casa, hicimos un asado y de ahí somos muy amigos, hicimos muchas cosas juntos. Hicimos un libro ilustrado infantil que se llama Rita Viaja al Cosmos con Mariano, a él justo le habían encargado eso, nunca lo había hecho, escribir para nenes y me llamó para ilustrarlo. Es texto y dibujo, quedó bueno. Después hice las portadas de los últimos tres libros de él. Me divierte, es un genio.

-¿Podrías haber sido otra cosa?

Futbolista (risas). Fantaseó y siempre digo eso, pero no soy tan bueno. Podría, sí, pero siempre algo con el arte. Me dan ganas de hacer cosas que nunca hice, una película por ejemplo. Pero siempre enamorado de todo eso. Dibujar, hacer música, todo lo que tenga que ver con el arte me copa.

-En el medio de tantas giras y viajes, ¿dónde vivís actualmente?

Sigo en La Plata. Si bien viajamos y eso, pero siempre vamos rápido y vuelvo. La Plata me gusta porque lo mejor que tiene es que tiene estudiantes de todo el país. En enero se van todos y es la peor ciudad del mundo, es un cementerio húmedo y caluroso. El platense clásico es medio conservador, aunque claro hay conservadores en todos lados también; pero lo mejor del año es la vida que le da la juventud que llega cada año, estoy contento de estar ahí.

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-¿Cómo fue elegir el camino de la autogestión? En todos estos años, ese fue el camino elegido y, creo, te fue más que bien.

Sí, siempre fue mi forma de hacer las cosas. Con las bandas, de chicos, fue una manera más jugando, pero nunca lo vimos como un paso hacia otra cosa. Si íbamos a hacer música, la íbamos a hacer nosotros, la íbamos a grabar, íbamos a hacer nuestro arte, nuestras tapas.

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Entrada del club Hindu (Cat)

Me acuerdo que grabamos los ensayos en un casette, le hacíamos una tapa, le poníamos un sello. Inventábamos un sello discográfico que iba cambiando de nombre todo el tiempo.  Y nunca concebí que esto sea de otra manera, no es que tuve que elegir en algún momento. Así entendí que puede hacer las cosas uno mismo. Al principio cuando empezamos no era tan común, ahora sí, grabar tu disco en un cd-r y que dé vueltas.

Un día nos preguntamos: ¿cómo hace una banda para fabricar un disco? Buscamos un poco en internet y llegamos a la UMI – Unión de Músicos Independientes- que nos ayudaron un montón, porque eran los primeros pasos de una banda; qué tiene que hacer para poder fabricar un disco, ir a una imprenta, editar, la parte legal, toda esa parte más aburrida. Nos guiaron en eso. A partir de ahí, no sé, hablar con algún lugar habilitado para tocar, sacar discos, tocar, ensayar, grabar. Hacer. Así uno emprende el camino de su propio proyecto artístico, siendo como el comandante de eso, lo hace cuando uno quiere, como quiere, con las personas quiere.

También vas aprendiendo en el camino, viendo que cosas se pueden mejorar, o qué opciones elegir. Es trabajoso, me crucé con músicos por ejemplo, una vez discutí… bah, no discutí, intercambié opiniones con buena onda, con Dárgelos de Babasónicos, que tiene una postura que para mí se siente amenazado con el discurso de la autogestión. Para mí es cola de paja, aunque igual, la mejor, me gusta lo que hacen. Está bien, ellos hacen lo que quieren también. Hay una cosa fundamental en todo esto que la libertad artística, cuando uno es dueño de todo lo que está haciendo tiene la libertad total; seguro que Babasónicos también tienen libertad para hacer lo que quieran, no creo que venga alguien a decirles como tienen que hacer su música, a esta altura.

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Pero hay miles de bandas que van por ese camino, que al principio si firman con un sello, el sello les da bola si pegan con una canción; si no pegan, los cajonea; si pueden, meten mano todo el tiempo. Hay bandas grandes, no sólo bandas chicas, que me contaban por ejemplo,- no quiero dar nombres-, que no podían tocar ciertas canciones porque el sello no los dejaba porque todavía no había salido el disco. Es un detalle, pero son boludeces que decís: estás por tocar y de repente tenés trabas ajenas a uno. Y ahí se empieza a corromper un poco esa libertad.

Después esta bueno al hacer las cosas así, por ahí va creciendo todo y necesitas más ayuda, pero llamás a amigos, armás un equipo de gente que se copa con esto, que está en la misma, y armás una familia que se amplía y es más divertido que al principio. Esas cosas que parecen problemas, va sumando gente y se hace todo para mí mucho mejor. Lo disfruto un montón. No lo veo de otra manera, aunque todo bien, cada uno elige el camino que quiere, son infinitos los caminos del arte. Nosotros elegimos éste, a mí me gusta más.

Todos fuimos aprendiendo un montón de cosas, ahora tenemos otros recursos que antes no teníamos. Ahora, después de años, armamos nuestra propia sala con nuestras cosas, equipos, todo eso. Costó un montón, pero tenemos un espacio propio para poder juntarnos y tocar a que salgan cosas nuevas.

-Hace más de un mes, salió una nota en el diario chileno La Tercera, manifestando una crisis del rock argentino y hasta casi que firmaba su acta de defunción. Además, leí una opinión que diste en la página web sobre música, Silencio. ¿Notas un contraste o no entre esa afirmación y lo que  podés observar vos mismo? ¿Qué opinión te mereció esa nota?

El periodista seguro lo hizo como disparador, para generar una polémica o discusión, y supongo que se enfocaba en el mainstream, en ese plano. Siempre hay comentarios de viejas luminarias, ahora salió Billy Bond a decir que el rock nacional está destruido y yo creo que es siempre hablando igual desde ese plano. No deben conocer otras cosas que están sucediendo, es una lástima. Tampoco es culpa de ellos, prenden las radios más populares y no suena lo nuevo que está pasando en el rock argentino. Si es así, estoy de acuerdo con ellos, lo que suena es bastante chato, no ponen cosas novedosas, frescura, no hay nada, parece todo estar producido por el mismo productor y, en comparación con otras épocas, es mucho peor.

Pero claramente tiene que ver con algo de los medios, siento que la industria cambió porque ahora hay mucha más independencia, las bandas se mueven por ese lado, pero la industria sigue con esa lógica conservadora de comprar espacios en los grandes medios. Los medios siguen con esa dinámica, y no abren el juego a mostrar, no caprichosamente por “por favor mostrá esto porque nos ayuda a nosotros”. No, sino por mostrar algo que está sonando en una cultura, bandas que llenan lugares grandes en Buenos Aires, en giras, o en otros lados. Y no muestran eso que es algo que está sucediendo, les guste o no.

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Para mí, éste es el mejor momento del rock nacional, respecto a mis gustos musicales. La mayor cantidad de bandas que me conmueven, que  me gusta escuchar y me enamoran, están en este momento, en la actualidad. Hay cosas increíbles: canciones, buenas ideas, estéticas, letras. No las muestran en las radios, las masivas claro, porque en las independientes o alternativas sí. Tenemos la suerte de viajar un montón y vemos que eso no sucede en otros países, como México, España o Brasil; ahí todas las radios grandes tienen un espacio importante para la música independiente, no por buena onda sino porque es lo que está pasando. Las bandas acá, por suerte, tienen esos medios alternativos, o gracias a plataformas como Spotify, Bandcamp, redes sociales logran difundir su música. Si no sería más difícil.

-¿Viajar alimenta la relación con otras bandas?

Un objetivo siempre fue viajar cuando arrancamos. Parte de la aventura de tener una banda era eso. Conocimos mil bandas por todos lados, nos hicimos amigos, compartimos shows. Está buenísimo. Todo el tiempo conocemos bandas nuevas.

Y hablando de lo mismo, algo que no reflejan los medios, uno no llega si no. Tengo la suerte de viajar y conocer lo que pasa en el interior pero sino, no. Es una mierda, pero por suerte se puede cambiar de a poco lentamente.

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Gira Rápida y Violenta

 

                                                           El Norte siempre estuvo cerca

-¿Por qué te dicen Chango? Digo, es una palabra usual en el norte, pero escucharla en Buenos Aires no es común.

Chango me dicen porque a mi viejo en el barrio le dicen desde siempre así,  porque es salteño. Sabían que era de Salta y a mí me decían Changuito porque soy muy parecido a mi papá. Después crecí y Changuito me quedaba chico, así que me quedó Chango. Me gusta ser cincuenta por ciento salteño.

-¿Qué significa la familia en tu vida? ¿Qué papel ocupa?

Mi familia son los chicos con todos los que fuimos agregando en el camino, la familia de nuestro sello Laptra, que es nuestro sello independiente y mi familia sanguínea que son los que más me importan.

-¿Cómo consideras que es tu carácter? O ¿en base a qué se da?

Y…soy muy sensible. Para bien y para mal; para bien supongo que es porque absorbo todo y las cosas lindas que me pasan, me impactan. Las malas me ponen triste.

-¿Lo ves como un defecto?

No, un defecto mío es que soy inseguro.

-¿Con el dinero cómo te llevas? ¿Es un fin, un medio? ¿Qué es?

Un medio obviamente. Soy muy malo con la guita aparte, desaparece rápidamente. Un amigo me dijo que eso era algo bueno, el hecho de que no me importaba tanto. En realidad es como el Señor de los Anillos, todos se vuelven locos por el anillo. Es lo peor del mundo y hay que, al menos un poco, tratar de cambiarlo.

-¿Coleccionás algo?

Discos de vinilo. Debo tener 300, más o menos. Tengo muchos. Igual es una colección que empecé hace poco, de los viajes que hicimos por España y EEUU, que allá hay mucha cultura del vinilo, las bandas sacan vinilos todo el tiempo. Ahí se me va la plata, de lo que hablábamos recién (Risas).

-¿Qué disco atesorás, principalmente, por encima de todos esos?

weezerMe acuerdo (risas) del primer cd que compré en mi vida, cuando era chico. Fue el disco de Weezer, el azul (The Blue Album), después lo conseguí en vinilo y casi me largo a llorar de la emoción y la nostalgia. Un día llego a mi casa y una gotera está cayendo arriba del disco, ¡ese que era mi favorito! Podría haber sido cualquier disco y fue ése ¡La puta madre!, pensaba. A partir de ahí, me dedique a comprarlo, lo tengo como cuatro veces (risas), por las dudas. Así que tengo ese y el segundo de Weezer  “Pinkerman”, que también me lo compreé de antemano como tres veces, aunque no le cayó ninguna gotera. Además compré ediciones deluxe, con extras, con todas las boludeces y las compro todas las veces que las veo.

-¿Qué significa la infancia para vos?

Lo mejor, el mejor momento de mi vida, cuando se termina la infancia todo se derrumbó para siempre (risas). No, no quiero ser pesimista. Tengo recuerdos muy buenos. Compañeros de la primaria con los que hay un lazo mu y fuerte.  Cada tanto nos vemos y tenemos un grupo de whatsapp. Me gusta eso, cambiamos un montón, nos separamos y cada uno hizo su vida, pero nos juntamos la pasamos re bien y tenemos esa conexión, de recordar al otro como un nenito y te genera ternura todo el día. Por más que ahora sea un adulto, con todas las cosas malas de la adultez, es como un ejercicio; saber que uno se desconecta, o no puede relacionarse con algunas personas, o se separa, pero hacer ese ejercicio de saber que todos esos fueron nenitos algunas vez y en algún lado de su ser, aunque algunos estén llenos de oscuridad, hay un nenito que fue puro e inocente en algún momento. Qué se yo, me gusta pensar eso.

-¿Qué música pondrías para musicalizar ahora ya este momento?

Pondría Jeannette, la cantante española  que es mitad inglesa también. Es de los 60 por ahí. Y canta en un español medio acento inglés, raro, pero lindo.  Sus hits más conocidos son Soy Rebelde y Porque te vas. Es una buena música para acompañar este momento.

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antiago sonríe. Apago el grabador y no puedo más que imaginarme esa música sonando ahora, apacible y nostálgica, como él.

 

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