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Gillespi  es un músico argentino, trompetista, cantante y tecladista que ha participado de varias bandas de rock argentino. Además de editar álbumes como solista, es productor musical de TV y ha participado en varios programas. También ha escrito un libro que se llama “Salsipuedes. (Historias de rock argentino)”,  en donde cuenta anécdotas con las diferentes bandas en las que participó y además rememora entrevistas de su ciclo radial.

Ha acompañado a Alejandro Dolina en su programa “La venganza será terrible” y vuelve a estar allí a razón del aniversario del clásico de la radiofonía argentina.

 

En el prólogo del libro decís que sos de una generación a la que el rock les modificó la vida. ¿Pensás que eso actualmente sucede así?  

No pienso que siga pas ando lo mismo, me parece que el sistema si se quiere va haciendo un trabajo de alguna manera. Se encarga de digerir esas cosas que lo hieren o  lo lastiman y las va convirtiendo en otra cosa, como una publicidad o en un personaje de novela cómica.

De alguna manera y en ese sentido el rock perdió un poco de potencia. Pasó  a ser lo mismo que una marca de zapatillas, a los recitales de rock los auspicia una tarjeta de crédito, una gaseosa y así se fue perdiendo  esa cosa rebelde existencialista que tenía inicialmente.

Antes si vos era rockero eras distinto a todos los demás. Cuando yo era chico era así. La gente se dividía entre las personas convencionales que se vestían formales y los rockeros que andábamos de negro cuando no se usaba o mucho antes con el pelo largo.

Esto tuvo que ver con una serie de sucesos, como los movimientos pacifistas, los estudiantiles,  de los 60 y las guerras, la experimentación con las drogas, la aparición del orientalismo con la meditación y demás.  Las comunidades hippies y la agricultura todo eso tuvo que ver con un cambio de paradigma en el mundo y que lo aplicaba la juventud.

Y se perdió, el sistema se defendió y empezó a ridiculizar a  los hippies por ejemplo remarcando que andaban en las furgonetas todas llenas de flores o a crear el estereotipo que son sucios. Con la música punk pasó lo mismo y sus características se empezaron a poner de moda y no sabían ni porque hacían uso de ellas.

También nombras que cuando estabas grabando una banda sonora con Gustavo Cerati  por un amplificador se escuchó una interferencia,  que era el discurso de Fernando de la Rúa anunciando el estado de sitio.  ¿Qué  otras cosas te acordás de esa jornada?

Ese fue un largo día. Empezamos a la mañana porque estábamos grabando unas cosas para tele con equipamiento para cine. Enfrascados ahí, sabíamos que la mano venía pesada pero nadie se imaginaba el desenlace que tuvo.

Uno está acostumbrado a que en este país la gente haga huelgas, salga a la calle a manifestarse, a protestar, pero bueno, eso no significa que el presidente se vaya a ir. Esto se había desmadrado de tal manera que con Gustavo salíamos a la calle y no entendíamos nada. Veíamos pasar a la gente para Plaza de Mayo y decíamos ¿Y esto qué es?

A Gustavo llegaste a conocerlo mucho. Trabajaron en varias oportunidades juntos  pero también compartieron cosas personales  ¿Qué cosas extrañas de él?

Lo que más extraño es el Gustavo consejero, yo le preguntaba mucho por situaciones mías, me daba consejos en lo musical, en lo laboral y era muy lúcido en la forma en la que el veía al mundo del espectáculo, el business.

Él no era solamente un artista, un compositor y un músico bárbaro. Sabía todo, todo lo que rodeaba a un recital y de alguna manera lo controlaba naturalmente. Por ejemplo era un tipo que diseñaba las puestas de luces para cada espectáculo, los videoclips prácticamente lo hacia él porque los definía y contaba su idea al director.

Siempre creí que se iba a recuperar, de alguna manera todos los del entorno teníamos esa ilusión pero no sucedió.

¿Cómo fue la experiencia con Pachuco Cadáver? una banda considerada por algunos como de culto.

Pachuco fue una banda experimental, con toda la información que tenía (Roberto) Petinatto, que es un gran melómano y (Guillermo)Piccolini  que le gustaba experimentar con los aparatitos electrónicos.

Entonces hicimos una banda sin baterista,  con una máquina de ritmos. Ahí yo era multi instrumentista, tocaba el bajo, la trompeta, la viola y un tecladito Casio que me había comprado. Los discos que grabamos fueron bastante interesantes. Nos divertimos mucho tocando en vivo y me gustan como suenan esos discos. Tenía una sonoridad como under.

¿Cómo fue trabajar con Daniel Melero como productor?

El último disco es una pachucada. Hicimos lo mismo que con Pachuco, sólo que con la diferencia que usamos la computadora como herramienta. El (por Melero) deforma todo con la compu, me rompía las tomas de trompeta, las cortaba y pegaba con otras cosas, me hacía escucharla y finalmente estaban buenas.

Al fin y al cabo me dejé llevar y me dejé producir. De ese último disco que hicimos me quedan 11 discos que son los últimos que tenemos para vender porque no sabemos si los vamos a volver a fabricar.

¿En dónde se conocieron con  Melero?

Nos conocemos hace muchos años, el primer encuentro fue en la Rock and Pop. Ahí hicimos una cosa acústica, el vino con un pianista, e hicimos una cosa acústica yo con la trompeta con sordina y nos encantó.

Aunque, según él  nos conocimos cuando yo estaba en La Red. Ahí hacia un programa con (Gonzalo) Bonadeo en los 90 y el vino con una guitarra acústica, tocó algunas canciones y yo  toque la trompeta. Él dice que fue ahí que nos prometimos hacer algo juntos.

Después nos cruzamos varias veces, tocamos juntos y un día le cuento que tenía unos temas pero no con la intención que me produzca, por sus tiempos y demás y ahí arrancó el con toda esta perorata. Y bueno  finalmente  lo hicimos.

Hoy hablabas de la improvisación. Melero postula que hay que hacer del error un estilo ¿Puede ser que la improvisación sea tu error?

Sí, mi error y mi estilo. Coincido con él. Me parece que cuando uno tiene las cosas ya ensayadas tan perfectas, no sucede nada. Y todo pasa en el imprevisto, ahí empieza la película y en donde se pone lindo. En general uno dentro de uno tiene la forma de arreglar las cosas, si uno se conecta con su intuición tiene la solución para las cosas.

¿Se podría decir que Sumo fue tu gran escuela de improvisación?

Si, claramente.

Con Sumo participaron del Chateau Rock. En una anécdota contaste que durante la estadía de la banda en Córdoba, estando en un bar se les acercó un grupo de chicos, les piden sus autógrafos y vos como eras nuevo no lo firmaste y le pasaste el papel directamente a Germán. Luca te miro y te dijo que no había que hacer eso que si la gente te pedía que le firmaras algo lo tenias que hacer. ¿Qué otra enseñanza te dejó Luca?

Eso fue una lección muy grande. Como yo era cauteloso con los músicos de la banda, yo no quería tocar en donde no me hubieran indicado. Muchas veces nos veíamos directamente en los recitales. Yo sabía los temas en los que tocaba  (Disco Baby Disco, La Rubia Tarada, Reggae de Paz y Amor, Los Viejos Vinagres, Lo Quiero Ya) pero por ahí estaban tocando Nextweek, ahí no tocaba y él me hacia seña que tocará igual y me decía que si el me miraba yo tenía que tocar. Entonces ahí yo me paraba de otra manera porque sabía que contaba con el apoyo de mis compañeros. Para mí fue como mi universidad musical.

En Salsipuedes contás la idea de hacer un programa de televisión que sea federal. ¿Esto sigue siendo solo una idea o está más avanzado el proyecto?

Sigue siendo una idea pero lo voy a hacer. Hay algo que sucede en cada lugar con la gente, con los paisajes, con la idiosincrasia del lugar, con lo que te aportan las personas cuando conversas y con lo visual que yo me imagino tocando con fondo de montañas, los  cerros, como acá, salís y tenés un wallpaper de Windows de fondo.

Hablabas que  no se tiene en cuenta los rockeros más grandes. ¿Qué pensás de la nueva edición que se hizo hace poco del Acusticazo?

Me parece genial que se haya vuelto a hacer una nueva edición del Acusticazo, eso es lo que va. En eso me refería a que en la entrega de los premios los que marcaron el camino no aparecen, no se los reconoce.

¿Cómo fue trabajar con  Litto Nebbia  como productor?

Litto es muy genial y muy generoso. Es espontáneo, compone todo el día y eso viene de toda una vida de trabajar de músico. Es comprometido con sus compañeros y con lo que pasa en el país. Es el primero que se dio cuenta de lo que le hacían las discográficas a los músicos y por eso creo Melopea y empezó a grabar a todos los músicos que puede.

¿Qué música nueva escuchas?

Bueno, Lucio Mantel me gusta mucho, pero no sé si es nuevo, capaz ustedes me hablan de unos que son más jóvenes. Me gusta mucho Sig Ragga, Amel -que está el sobrino de Spinetta-.También una banda de  La Plata que se llama Mostruo.

¿En qué formato escuchas música?

Yo tengo un sistema en el auto que me permite enlazar la música que tengo en el celular. En casa tengo un muy buen equipo pero no estoy mucho tiempo, en el auto me escucho como 20 discos; vivo lejos,  aprovecho y escucho música.

¿Entrevistaste a todos los músicos argentinos que admiras?

Creería que sí, me falta el Indio y eso que lo he intentado varias veces. Hubo muchos amagues. Él lo sabe, me ha mandado invitaciones a sus recitales como si fuera parte de su staff o cosas así. Pero no pierdo la esperanza. Creo que tiene un tema fóbico, y algo entiendo eso.

¿Crees que es por su hermetismo?

Y…creo que ese hermetismo a él le sirvió, a mí no porque no tengo la nota. (Risas).

Cursaste un par de años la carrera de psicología. ¿Por qué habías elegido la carrera?

Primero las lecturas, los autores; de por si los de cualquier carrera humanística. Tenés filosofía, sociología y todo eso me encantaba.  Pero no me gustaba el trabajo de psicólogo, el diván y todo eso.

Creo que también es porque naturalmente establezco vínculos de profundidad, para entender como es el mecanismo, porque se llegan a ciertas conclusiones. En el sentido que no soy psicólogo pero me gustan las charlas profundas con mis amigos, no algo superficial, no esas conversaciones de latiguillos. Eso no es comunicación.

¿Qué experiencia te dejó trabajar con Dolina?

Vuelvo con Dolina.  Aprendo mucho  con él,  el negro es un maestro me da libertad para que haga lo que yo quiera, se da un disfrute. No puedo decir que eso sea un trabajo. Es uno de los pocos grandes que nos quedan de una argentina que va desapareciendo.♦

Producción y redacción: Julieta Herrera, Ángeles Mendoza Herrera.

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