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Este domingo 17 y lunes 18 de diciembre, se proyecta el telefilm “Hábitos Fantasmas” del director riojano Xorge Leiva, con producción del Laboratorio Audiovisual Comunitario (LAC) y La Ventana Cine Itinerante.

Será en la sala del Espacio INCAA, con dirección en calle Catamarca 73, a las 21 horas. El valor de la entrada: $15 a estudiantes que presenten libreta y $30 para el público general. Filmada en lo que se conoce como los llanos riojanos, -en este caso en los pueblos Milagro, Portezuelo, Comandante Leal y Malanzán-, retrata lo que fue captar un ambiente sonoro y visual entrelazado con la historia de dos personajes en sus búsquedas y desencuentros.

Conversamos con su director, quien nos contó acerca del rodaje, el sonido y aprovechamos también para hablar sobre los recientes anuncios del Instituto Nacional de Cine.

Habitos Fantasmas_Trailer from Xorge on Vimeo.

El sonido es central en el film, desde la historia que ya nos marca eso, ¿Cómo fue ese trabajo fino de obtener una sonoridad?

Está pensando desde el guion, el sonido es el primer motivador de la historia. Es trabajado desde muchas cosas que tenían que ver con la historia relacionada con el sonido, un personaje que bueno, es sonidista,  y al que incorporamos muchas de las acciones que tuvieran que ver con momentos o situaciones sonoras.

El trabajo puntual técnico del sonido fue muy puntilloso, de hecho llevo más tiempo que el trabajo de imagen; la edición primero y después la mezcla, donde había mucho de jugar donde poníamos tal o cual sonido, si de un lado derecho o izquierdo, o conseguir alguna panorámica de izquierda a derecha, todas cosas para sostener que el sonido era una idea fantasmagórica. El sonido fue el principal motivador de todo.

Algo importante. Hay un libro que fue disparador para todo, que se llama Resonancia Siniestra de David Toop, que justamente explora todo el carácter fantasmal del sonido, la idea que en los espacios, en los ambientes siempre queda una especie de residuo sonoro; algunos sonidistas que tienen elementos especiales pueden amplificar la escucha y llegar a eso, como una manera de conectar con un mundo fantasmal. Tiene que ver con eso.

¿Qué espacio ocupa el sonido en tus otros trabajos o en lo cotidiano?

Mucho. Desde la práctica y lo teórico. Me pasó algo: desde el 2011 o 2010 más o menos que volví a retomar a hacer audiovisuales, pase un largo tiempo sin hacer nada, y a partir de retomar con documentales primero me fui del mundo de la cámara de la imagen acercándome al sonido, de hecho hace mucho tiempo que no tengo una cámara, y en aquel momento lo primero que pensé fue en comprarme equipos de sonido y empecé a explorar todo eso. También después participé de proyectos que tiene que ver con eso, como la revista El Oído, marcado por el deseo desarrollar el sonido desde la práctica, lo técnico y lo conceptual. Atraviesa mi vida la percepción sonora.

¿Cómo equilibraste imagen y sonido en el telefilm?

La película en la imagen está muy cuidada, hay un laburo de fotografía delicado. Si bien es un telefilm y el presupuesto no era el de una película, la dinámica de trabajo si era como el de una película, en el sentido que cada plano que se hacía llevaba el tiempo de cine. Teníamos esa idea de trabajar la fotografía con mucho detalle.

Me importaba en realidad que el sonido estuviera a la par de ese trabajo, fue hacer el trabajo contrario, explorar a fondo con el sonido, que es lo que siento que habitualmente no sucede. El sonido no como algo accesorio de la imagen, sino que complementa y acá tenía una importancia, una densidad que tiene que ver con la historia, con lo sensorial que se intenta transmitir al espectador, un estímulo sonoro que por ahí no está en correlato con lo visual.

En el sonido hay elementos que no están en la imagen y por eso siento que es un gran rompecabezas la película y el público la tiene que armar.

Una buena crítica que me dijeron una vez fue que la película de alguna forma juega con los dos elementos del cine: imagen y sonido. Un poco por los personajes, uno está obsesionado con la imagen, busca y encuentra fotografías, lo que ella hace también tiene que ver con la fotográfico, (fotos con la técnica estenopeica). Y por otra parte, tenés el personaje sonidista, que percibe todos estas memorias sonoras, es como si fuera una gran metáfora del cine, como dos elementos jugando a encontrarse.

Parece que sí, el equilibrio estaría logrado.

¿Ese equilibro se logró en una sola edición o editaste y volviste a editar?

Tuvo varias ediciones, así como tuvo varios guiones, hubo más personajes en algún momento que quedaron en el camino en el rodaje había un guion que era muy distinto al que quedó, para la edición. Tengo una teoría y es que hay varias películas posibles ahí, nosotros optamos por una, y después una vez que tuvo eso empezó a relevarse como por capas. Porque después de eso paso a la etapa del sonido y apareció otra película, después paso al color, y ahí se reveló otra.

Un trabajo en capas, no fue un guion que estaba escrito así tal como lo ves.

¿Rodar en el interior de La Rioja fue una decisión tuya personal?

Si una decisión mía personal porque siempre la pensé en los llanos, siempre quise filmar ahí porque tengo una atracción fuerte con el lugar. Pase muchas vacaciones, muchas de las fantasías de chico y permanecen me quedaron de ahí.

El equipo no estaba muy feliz en un principio de tener que ir en febrero a los llanos (risas). Pasaron cosas raras. Elegimos los llanos como escenario para contar una historia que ocurría en un lugar desértico, un pueblo con sequía y en el primer día de rodaje hubo un temporal histórico, no llovía así desde hace 40 años, Así que bueno fue todo lo contrario era estar ahí y los llanos que habíamos visto unos meses antes y era el lugar perfecto ahora era distinto.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar para la Televisión Digital Argentina? en cuanto a presupuesto, pago, etc

 Fue un concurso de telefilms que hizo el Incaa en su momento, que era parte de un plan muy bueno que era fomentar producciones para la TDA, sistema que creo ya está caído, lamentablemente. Y en ese contexto había un concurso para proyectos, el premio no nos alcanzó, porque se demoraron los pagos y porque los costos iban variando. Después pasó esta situación prevista de filmar todo en tres semanas en los llanos, y no pudimos terminar porque llovía todos los días, nos vinimos con un setenta por ciento de la película filmada sin saber cómo íbamos a filmar el esto.

El resto apareció por pura gestión de producción, algunos aportes privados y de la universidad de Chilecito y así pudimos completar la película con una semana más de rodaje en invierno en julio. Que también fue otra experiencia rara porque fue filmar los personajes en situación de calor pero en invierno.

¿Hay planes a futuro con el laboratorio audiovisual?

El laboratorio sigue funcionando, ahora estamos en un proyecto que se llama Mil Faros, que son microprogramas de formato televisivo pero destinado a la web; también es parte de los últimos concursos que hizo AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual), ahora ENACOM (Ente Nacional de Comunicaciones).

Todavía se está trabajando en eso. Y con Hábitos, la idea es por lo pronto rodarla por acá y por los llanos, la parte más importante de todas, ir a ese lugar porque siento que pertenece ahí y me interesa que la gente de ahí pueda ver la película.

Que opinión nos podés dar, como realizador audiovisual y como docente, sobre la situación actual del Incaa y la reciente noticia de que se congelaron los créditos.

Más que opinión, un sentimiento de pena. Es como involucionar en dos años, quince. Porque desde que se sancionó la ley de cine para acá fue todo en evolución, a veces más lenta, otras más rápida. En los últimos años hubo una fuerte producción de contenido y permitió que aquí en La Rioja con prepuestos módicos pudieras hacer proyectos buenos de escala

Es volver al estado anterior de la ley del cine. Una destrucción increíble en dos años en algo que llevo quince, de una manera drástica.

El sentimiento es de mucha pena, hay que pensar estrategias para ver cómo se sostiene la producción, porque no hay que dejar de producción.  Habrá que pensar esquemas de producción más allá del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), que por los próximos años no va estar.

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