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Foto y Texto: Julieta Herrera

Desde que el festival Cosquín Rock abandonó la comuna de San Roque y se instaló en el Aeródromo de Santa María de Punilla, el pueblo muestra sus dos caras.

Para los que frecuentamos la ruta de Punilla hasta Córdoba capital, vemos la tranquilidad reflejada en sus calles pero cuando llegamos a la esquina de la guitarra, miramos para el lado del puente, esperamos que empiece todo de vuelta. Lo mismo pasa un poco más adelante, cuando el camino es más alto y se puede ver el predio en su totalidad. Si, en época de festival se ven los escenarios, las carpas, las barras, la gente y la vida.

En pleno julio el aeródromo está vacío y  uno lo mira con tanta melancolía, como esa que te invade cuando te das cuenta que es la última caminata hacia uno de los dos escenarios. Internamente se espera que eso vuelva llenarse de gente, que corten el paso para que el tren pase sin tener dificultades, que esas callecitas estén repletas de vendedores que cuelgan sus remeras y flamean cual barriletes en vuelo.

Este año, para muchos Cosquín Rock fue la mejor edición.  Pero para afirmar esto es necesario ahondar en cuestiones claves que han hecho que esta edición se destaque del resto. Si bien cuando cada año se da a conocer la grilla de artistas que participarán  (para los que no lo saben, primero se lanza a la venta los abonos y después se da a conocer la grilla) siempre aparecen los detractores que tratan de careta el productor y se quejan porque falta tal  o cual banda. Si fuera por nosotros siempre faltaría una banda.

Particularmente este año se vio que la gente disfrutó de la variedad  de propuestas que formaron parte de Cosquín Rock 2017, que jugó con la diversidad  musical y buscó satisfacer  todos los gustos.

Como siempre, se destacó la organización, desde los accesos que fueron cómodos, tanto para los que llegaban en colectivo como para los que iban en auto. Con un operativo que llevó a cabo la municipalidad de Santa María se logró despejar la ruta en tiempo récord y se evitó los embotellamientos interminables como en años anteriores.

La seguridad privada del festival (que vestían remeras que recordaban a Largo, jefe de seguridad que falleció hace algunos años) con una amabilidad pocas veces vista, guiaba al público hasta la entrada del predio, repitiendo una y otra vez “¡Con entrada en mano!”.

El escenario Geiser,  la Casita del Blues y Quilmes Garage, fueron tres de las cosas para destacar; el primero y el último porque fue un semillero de bandas,  que encuentran ahí un lugar para demostrar lo que saben hacer, que a decir verdad saber hacer muy bien. Desde Ingaramo a Rayos Láser y pasando por Los Espíritus, en  todas las jornadas el público acompañó la propuesta.

La Casita fue un espacio nuevo, con una buena estructura y armado que brindaba comodidad a quienes se acercaban a  disfrutar de este género musical, ya sea de pasada o porque iban a ver algo específico.

Sábado 25 – Día 1: “Con entrada en mano, por favor”

El Bordo y Salta la Banca dieron un show justo. El Bordo se jugó un poco más en la lista de temas y toco algunos de sus clásicos como “¿A dónde vas?”,”Cansado de ser” y” Lejos”, mas “Corazones Olvidados”, corte difusión de su último cd.

Por su parte Salta La Banca armó una lista con temas de sus últimos dos cd (“Bautismo”, Desnudando un Ángel”, “Quien dice” y dejo de lado bastante temas representativos, destacaron algunos temas, como “Vosotros” que componen Copla (Canto Obligado por Luciano Arruga).

Guasones con el haz bajo la manga llenó de clásicos su lista que el público supo valorar: “Como un lobo”, “Farmacia”, “My love”, “Gracias”, “Me estas tratando mal” y presentó “Canción para un amigo” acompañado por Coti Sorokin (productor dl ultimo cd de la banda).  Si, las sierras tiene eso, la mezcla de géneros.

Los Pericos festejaron sus 30 años a lo grande. A  falta de un recital, hicieron 3: tocaron todos los días en la Carpa Naranja y supieron ganarse al público que iba de pasada. Repasaron su carrera musical, separando su discografía en décadas en la que rescataron los clásicos y los temas que no son tan conocidos; contaron con invitados todos los días que fueron desde José Palazzo hasta Ciro pasando por Juase. En esta misma carpa se presentó Pettinato Café Concert,  con la presentación de su libro y después con su banda en Sumo por Pettinato.

En el escenario alternativo, Horcas le pedía al público que entregara su corazón en una canción, mientras en el principal las banderas se agitaban al compás de Los Gardelitos. Durante esta jornada la revelación fue Carajo, el power trío oriundo de Buenos Aires, que en pocas palabras la descoció y el público quedo más que satisfecho. Una de las bandas que estuvo a la altura de las circunstancias.

Para cerrar esta jornada y saliendo de -literalmente-una media naranja, (que tardó más en armarse que en desaparecer y en alusión a su ultimo cd), Ciro y su banda apostaron a los clásicos de Los Piojos, que fueron mezclando con algunos de los temas más conocidos de su banda Los Persas.

Domingo 26 – Día 2: “La revancha por la lluvia del año pasado”

Ya en el segundo día, y con el tiempo un poco más aceitado se noto un recambio generacional. Esa noche no solo tocaba Skay, el escenario alternativo era de reggae y como si fuera poco Los Fabulosos Cadillacs debutaban en el festival serrano.

Las piernas ya empezaban a doler, el cansancio era evidente. Los 1.200 metros desde un escenario a otro se pensaban dos veces antes de caminarlos y  cuando dabas un par de pasos era inevitable pasar por el resto de los espacios a ver que sucedía allí. Ya sea el 220, Ceremonia Geiser, La Casita del Blues, el escenario Carlos Tortola, el Quilmes Garage o el espacio alternativo, más conocido como la Carpa Naranja. Pocas veces hubo tantas propuestas entre un lugar y el otro y vaya si se disfrutó de eso.

En el escenario principal, a eso de las 17:45, Jóvenes Pordioseros subía para hacer historia. Dejando todo arriba del escenario, con una lista de temas justa, arengaron a su público rollinga. Con este espectáculo, Toti  -al igual que Juanse- desplegó toda su energía recorriendo una y otra vez la lengua que va desde el escenario hasta el centro del público.  También trepó por la estructura del escenario hasta cerca de la parrilla de luces, tal como lo hacía Juanse en los viejos Ratones Paranoicos. Una delicia para los fotógrafos.

La fiesta cordobesa invadió en escenario de la mano de Los Caligaris, quienes hicieron su ingreso con globos con helio, recordando así su raíces cirqueras. Interactuaron a más no poder con el público y se jugaron con un lista de temas a los que no les faltaron clásicos como “Asado y Fernet”, “Razón”, “Nadie es perfecto”, ” Kilómetros”, ” La Montaña”, entre otros. Para terminar con el publico coreando “Que corran todos los demás, nosotros vamos caminando”.

El sol se despedía mientras los franceses de Dub In hacían bailar a grandes  y chicos dejando el escenario alternativo/reggae caliente para la llegada de Todos tus Muertos o mejor dicho Fidel Nadal, quien desplegó sus saltos característicos por todo el escenario.

Era el momento de Dancing Mood y a pesar que muchos ya estaban acostados sobre el pasto que no falta en el predio, hicieron bailar hasta al más pata dura. Es que el reggae tiene eso, es movimiento.

El reggae se hacia presente no solo en un escenario sino que también Los Cafres tocaban en el principal. Se ajustaron a los tiempos del festival y más de una vez hicieron evidente su molestia por el escaso tiempo con el que contaban. Repasaron sus clásicos, y algo del cd nuevo ” Alas Canciones”. Tiempo aparte para Dredlocks,  tema en el que entre otras cosas manifiestan que ser rastafari no es una moda que solo consiste en llevar rastas, sino que es un modo de vida.

Le seguía el turno a La Vela Puerca, quienes estaban finalizando su gira por los 20 años de la banda.  Los uruguayos comenzaron el show con un video en donde se repasan los temas que el público convirtió en clásicos. Con Sebastián “El enano” Teysera y Sebastián “Cebolla” Cebreiro encendidos, se despacharon con un tema tras de otro sin mediar palabras hasta que hicieron un párate antes del cuarto tema y saludaron al publico que cantaba fervientemente  canciones como “Zafar”, “Va a escampar”, “Ves”, “Llenos de Magia”, “Frágil”, “El viejo”, “Colabore”, entre otros.

El gran cierre de la noche: Los Cadillacs. Banda que logró reunir a las familias, como si fuera un anticipo de lo que se vería en el escenario por los 50 años del rock. Los viejos, ya los habíamos visto en la vuelta del 2007 y los nuevos se deleitaban con una de las bandas más emblemáticas de la música argentina y latinoamericana, con Vicentico y Flavio que jugaron en el escenario con esa complicidad característica que dan los años.

A dos baterías lograron un sonido pocas veces percibido, sonaron “Mi novia se cayó a un pozo ciego”, “Yo no me sentaría en tu mesa”, “El león”, ” El Matador”, “Calaveras y Diablitos” y temas de su ultimo cd  (La Salvación de Solo y Juan) como “El Fantasma”.

Con la incorporación de Florián y Astor, hijos de Vicentico y Flavio respectivamente, los Cadillacs sumaron potencia, juventud y sangre nueva.

Lunes 27 – Día 3: “Parece que de 1987 a ahora no cambiaron nada”

La última jornada parecía que se  iba a empañar por la lluvia pero por suerte y con el viento a favor, el cielo pudo esperar y nos olvidamos hasta que era día lunes.

Para este día se juntaban los grandes, el escenario alternativo pasó a ser el de los 50 años. Abajo el rejunte generacional era evidente, los mayores de 50 pegados y aguantando el sol como pocas veces se vio; los padres con sus hijos que recorrían el predio, los que ponían un punto de encuentro que horas más tarde no iban a estar y los que después de dos jornadas intensas ya esperaban sentados.

Pasaron Javier Martínez, Ricardo Soulé y la Bestia Emplumada, que antecedieron a una Celeste Carballo que con sus tonos agudos se hizo escuchar por todas las sierras y repaso algunos de sus temas icónicos y también los de su último cd ( Se vuelve cada día mas loca por amor al blues).

Mientras tanto Hernán Casciari,en la Carpa Naranja, presentaba “Obra en Construcción” y Chichita,- la señora que combina las zapatillas con las blusas y que además es su mama-, se llevó todos los aplausos de un público que festejaba los chistes a más no poder.

Los Guarros y Los Violadores coparon el escenario principal y en el de los 50 años Fabiana Cantilo sorteaba problemas técnicos para hacer un repertorio que dejo contento a grandes y chicos. Empezó con “Una tregua”, Fue Amor”,” Eiti Leda” y  “Pupilas Lejanas”  para cerrar con “Cleopatra, la reina del Nilo”.

En el escenario temático se coreaban las canciones de Attaque 77, que ya sonaba en el escenario principal, pero llegaba Fito y nadie se quería mover.

El rosarino subió pasadas las 21:30 y pasados los 3 primeros temas saludo al público de Cosquín. 20.000 almas corearon  todas las canciones y los momentos más fuertes de la noche se vivieron con “Ciudad de pobres corazones”, “Brillante sobre el mic”, “Dar es dar”, entre otros, para cerrar con “Y dale alegría a mi corazón”  que finalizo a capella, cantada por el publico y con Páez dirigiendo. Antes de la retirada, Fito agradeció al público por todo el amor brindado, nombro a los grandes iconos del rock y también invito a Juanse y a Rolo (cantante de La Beriso) para que lo acompañaran en un tema.

En el escenario principal, La Pelotas, una de las bandas más prolijas de las tres noches, sin más que un ‘buenas noches’ comenzó su recital.

Acá el tiempo no fue escaso, las casi dos horas que duró el show, tema tras tema, mezclando los viejos con los nuevos. Si un espectáculo es 50 por ciento público y  50 por ciento banda, en esta oportunidad  la gente alcanzo un 70: Todo el tiempo con las banderas en alto, coreando y acompañando con pogo cuando el tema lo ameritaba.

El festival terminaba y la nostalgia empezaba a percibirse, de un lado Aznar y Lebón y del otro La Beriso, parece ser la antítesis del gusto musical. Pero ante todo la diversidad.

La banda oriunda de Avellaneda llenó el predio de adolescentes que disfrutaron de su show. Por suerte, para los que somos un poco más grandes y nos tenemos el chip LaBeriso instalado, de la otra punta llegaban los últimos temas de Aznar para dar lugar a un David Lebón pocas veces visto, logrando emocionar al publico que a esta altura podía aguantar un día mas de festival.

Decir que este escenario por los 50 años del rock nacional lo cerraron Los Twist es raro. Ojo, no por quitarle merito ni por faltarle el respeto a Pipo, pero la verdad es que no fue su mejor versión, ni de él ni de la banda. Dejaron gusto a poco.

Cabe destacar que, durante las tres jornadas la situación política y social que atraviesa el país no estuvo ajena. Muchas bandas fueron las que se acordaron de esto, validaron la lucha de los trabajadores, ya sea de los sindicatos de prensa, o de los maestros y de todos aquellos trabajadores que están en alerta de paro y movilización. Defendieron a los gobiernos populares y destacaron la libertad para crear.

Si fue la mejor o la peor edición del Cosquín no lo sabemos. Podemos decir que se disfruto a más no poder, que este festival es mucho más de los que pasa en los grandes escenarios, que valoramos la cantidad de propuestas y la predisposición del público.  Que ir a Cosquín es encontrarse con viejos amigos, conocer algunos nuevos, acordarse de los que ya no están.

Ir ahí es compartir y ser feliz, con la única obligación de disfrutar de la música, de mirar para un costado y contemplar las puestas de sol mas lindas que vas a ver. Dar vueltas y colgarte viendo la montaña, mientras de fondo suenan tus bandas favoritas. Por esto y mucho más ¡Hasta el año que viene Cosquín!

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