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“Mi Banda Sonora: La vida es un encuentro” es el libro que Litto Nebbia publicó este año a través de editorial Aguilar. Aquí dos reseñas que reflejan distintas perspectivas, pero que coinciden en algo indudable: el legado presente de Nebbia.

Litto Nebbia – Horizonte musical y humano

Con más de cincuenta años de carrera a sus espaldas, Litto Nebbia no tiene que probar nada a nadie. Su vida prolífica como cantante, músico, arreglista, escritor y artista deja poco lugar a dudas. Sin embargo, en su nuevo libro “Mi banda sonora”, se brinda a sus lectores en una experiencia distinta a lo que hizo antes.

Esta es una memoria libre, estructurada alrededor de tracks, a modo de capítulos, que van girando alrededor de temas variados: la industria musical, los orígenes del rock nacional, la gestión de proyectos, colaboraciones, entre otros. No tiene orden cronológico, sino que va saltando entre décadas con habilidad y sencillez, sin necesidad de frases rimbombantes ni vanidad. Hay en él una fuerte consciencia de sí, de su lugar en el mundo y del escenario histórico cambiante. Por eso, y quizá también por ser una figura fuertemente anclada al presente (en constante actividad y descubrimiento de nuevas bandas y sonidos), es que el libro no tiene ni por un segundo un tono nostálgico o de “memorias”, como podría haberse esperado. Fue una decisión inteligente, puesto que biógrafos precisos para una figura como Litto sobran. Él, en cambio, puede concentrarse en lo relevante, en lo que  sintió, como le influyeron y atravesaron los sucesos de su vida y el transcurso del tiempo y su crecimiento como ser humano y artista, algo que sólo él puede brindar a su público.

Es destacable la inclusión de una profunda reflexión y crítica a la industria musical. Tema que actualmente está dejando de ser tabú, para pasar al centro de la discusión. ¿Por qué siempre se habla de una industria en crisis sino para de generar cifrar multimillonarias? En este aspecto, la sabiduría de Nebbia viene de años de peleas infructuosas y de algunas conquistas. Material imprescindible para cualquier músico neófito, ofrece mucha frescura, coherencia y lucidez.

Es un libro que en síntesis, es interesante tanto para los conocedores de la trayectoria de Litto con sus distintas bandas y su sello discográfico, como para quienes no, porque es la oportunidad de descubrir una figura entrañable y un gran maestro de lo suyo.

Por Sofía Bracamonte

 

 Un encuentro eterno con Litto

Quizás haya leído parte de la vida de uno de los hombres a quien más respeto le tengo y de los pocos que quisiera tener como familiar.

Si para una persona normal, elegir su destino a los 17 años mediante una profesión es todo un trauma, Litto nació sabiendo que iba a ser músico, fue criado en el seno de una familia muy humilde, (hijo de una madre pianista que se fugó de su casa para poder casarse con el padre de Litto, quien sufría de graves problemas de ludopatía) que supo marcar la libertad de la crianza por sobre las falencias económicas, por lo que no resulta raro que Nebbia destaque desde un principio que todo se construye en base al trabajo y a la honestidad, principalmente la honestidad hacia la gente.

Tanto es así que con la “primer plata grande” que cobró, le compró un departamento a Martha, su mamá, para que se fuera a vivir con él a la Capital de Buenos Aires.

En su interior no hay capítulos, hay tracks, (es justamente Nebbia el cantautor argentino que más canciones compuso y registró). Era evidente que no iba a caer en lo convencional.
Es un libro cronológico por que hizo tantas cosas que contarlas de otra manera sería casi imposible.
Relata desde su nacimiento, su infancia en la pensión de Rosario, su llegada a Buenos Aires, sus noches en la Perla y La cueva, sus recorridas con Tanguito, Pipo Lernoud; narra cómo nació La Balsa y su exilio en México, sus viajes por Brasil y Europa hasta el trabajo con Melopea.

Cuenta por qué decidió empezar a cantar en español y dice algo tan cierto, simple y preciso como, ‘es mi idioma, de qué otra manera me iba a expresar’. En cuestiones técnicas no es un libro largo ni resulta  tedioso a la lectura, son esas páginas justas que no tienen ni una anécdota de más ni una de menos.

Su exilio en México es un track completo, por lo que uno puede entender o al menos generar un poco más de empatía con los que vivieron de esa manera durante la dictadura del 76.
Su camino como compositor no se detuvo nunca, también compuso música para cine y para una obra teatral que nunca llegó a estrenarse por el alto costo de producción.

Fue el que “descubrió” a Inés Estévez y le pidió que cantara para la banda sonora de un film.
Cuando se hizo consciente de cómo se manejaba la industria discográfica, creó el sello Melopea, en donde edita a los músicos que le gustan y a los que los sellos de renombre no les dan lugar.
Se hizo especialista en derechos de autor después de darse cuenta que los derechos de reproducción y autoría los tenía una discográfica y no él. Razón por lo que sus primeros trabajos no se encuentran en las bateas.

Le dijo que no a Breaking Bad cuando quisieron usar una de sus canciones para musicalizar un capítulo de la serie, justamente por problemas legales con la productora.
Pasó un año nuevo junto a su hija Miranda en Roma, cenando con unas de las familias más emblemáticas del lugar y sin que nadie lo reconociera.

Fue y volvió de cuanto país pudo, pasó más tiempo en aeropuertos que en su casa y todavía continúa con ese ritmo de vida, que según sus propias palabras es lo que lo mantiene vivo. Porque para Litto, la música tiene esas cosas.

…”Al pasar el tiempo, uno ya tiene incorporado todo lo que ha vivido y nuevamente esta enchufado en otra situación, otro espacio, otra tierra. Dicen que la vida nos va llevando. Sin embargo, aquí en esta ocupación, este destino,  a veces pareciera que uno lleva de paseo a la vida. No sé quién lleva a quién lleva a quien, pero vamos juntos”…

 

Por Julieta Herrera

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